Hemos Comido… en La Prensa. No fue comida, fue cena, pero comer, comimos. Y bien. Doce ediciones ya de estas jornadas del atún que empezaron allá por 2012, cuando Mariano Mora decidió traer a Cantabria un bicho que, por aquel entonces, nos sonaba más a mares lejanos que a barra de aquí. A día de hoy, aquel atrevimiento se ha convertido en costumbre, y el atún —este último de 310 kilos— se reparte entre La Radio y La Prensa como si llevara toda la vida con nosotros.

Un menú cerrado de 70 euros que te pone delante un desfile de cortes recién despiezados, cada uno con su carácter y su manera de contar la historia del animal.

El comienzo: crudo, fresco y directo

Tartar y tataki: la parte más viva del menú

La cosa arranca con un tartar de atún que entra suave, acompañado de guacamole, huevas de trucha y una verbena de mostaza a la antigua que aporta ese punto aromático que despierta el apetito. El pan tostado cumple su papel: sostener sin robar protagonismo.

Le sigue un tataki a la brasa, glaseado con salsa teriyaki y un toque de soja con wasabi. Aquí el calor apenas roza la pieza, dejando el interior jugoso y la superficie marcada por la brasa. El glaseado aporta brillo y un dulzor ligero que equilibra la potencia del pescado.

El centro del menú: cortes nobles y guiños clásicos

Ventresca, semillas y tradición

La ventresca llega sobre patatas panadera, con una mayonesa suave de wasabi que acompaña sin imponerse. Es un corte agradecido, meloso, que pide calma y pan.

Después aparece otro tataki, esta vez con semillas de amapola y un toque de raíz pura de wasabi. La vinagreta de piña y tomate refresca y limpia, perfecta para seguir avanzando sin pesadez.

El menú hace un guiño a la cocina de siempre con unos daditos de atún encebollados, receta tradicional que recuerda que el atún también tiene su sitio en los guisos de casa. Sabor directo.

El cierre: creatividad y dulzor final

Crujientes, jugos y fruta

El rollito crujiente de atún relleno de pisto casero es un bocado juguetón, con contraste de texturas y un guiño a la cocina popular. La salsa de soja aporta profundidad.

El medallón de atún con fruta de temporada y su jugo reducido funciona como plato final salado: carne firme, jugo concentrado y un toque dulce que redondea.

Para terminar, un carpacho de piña con helado de mango, fresco y ligero, que baja el telón sin pesadez.

Doce ediciones después, estas jornadas siguen demostrando que el atún rojo tiene sitio en Cantabria y que La Prensa y La Radio han sabido darle un espacio propio. No hay estridencias ni adornos innecesarios: solo producto, cortes bien tratados y una sucesión de platos que respetan al animal desde el primer bocado hasta el postre. Una cena que confirma que, cuando el bicho es bueno y está recién despiezado, lo demás es dejarle hablar.

Por El Mule

Histórico de visitas

Etiquetas del articulo

Compartir

Categorías
Scroll al inicio