Domingo de vermut, música y gastronomía: cuando lo artesanal marca la diferencia
Hay domingos que simplemente pasan… y hay otros que te arreglan la semana sin pedir permiso. Este fue de los segundos.



Todo empezó con un descubrimiento que merece mención propia: el Vermut de Isabel, “A lo Ligero”. Y no, el nombre no engaña. Estamos ante un vermut pensado para disfrutar sin prisa y sin saturar, especialmente en días de calor.
Ligero, fresco, nada empalagoso y con ese equilibrio tan complicado de conseguir: el punto justo entre dulzor y amargor que hace que cada sorbo te invite al siguiente. De esos que te sorprendes pensando: “oye, pues otro cae…”. Ideal para quienes buscan un vermut más accesible, menos denso, pero con personalidad.

Entre trago y trago, la jornada subió de nivel con la aparición de Diego, aka Ciranito Pinchadiscos, que empezó a repartir buena música como quien domina el tempo de la barra. Rock & roll, garaje punk, rockabilly, surf… una sesión con criterio y sin postureo.
Porque cuando un DJ entiende lo que suena y cuándo tiene que sonar, el ambiente cambia. Y si además resulta que el tipo es chef en Casa Cirana, pues ya tienes el pack completo: cocina y banda sonora. Un auténtico “dos en uno” de los que ya quedan pocos.
En lo gastronómico, aquello no fue picoteo… fue desfile.

Por un lado, Aitor, de La Lleldiria, al pie del cañón, con esa manera de hacer las cosas que mezcla técnica y producto. Y por otro, César, defendiendo su terreno como si fuera sagrado, aportando esa identidad que hace que cada propuesta tenga sello propio.
El resultado: un auténtico festival de sabores en un local donde el domingo deja de ser transición… y se convierte en destino.

Mientras sonaban clásicos del rock y tratábamos de sobrevivir a una ola de calor que apretaba de lo lindo, lo importante no falló: algo de comer cayó… y de beber, también.
Mi acompañante apostó por un cava bien frío, refrescante y directo al grano. Yo, por mi parte, me mantuve fiel a “A lo Ligero”, que me pareció el vermut perfecto para una jornada calurosa: fácil de beber, refrescante y con ese carácter que no cansa.
Y claro, tocaba entrar al detalle en la comida:
- La ya imprescindible picaña de Diego, con su punto de maduración y ese plus de sabor que la convierte en un bocado serio. Coronada con mayonesa de anchoas, que aporta ese toque umami y salino que redondea el conjunto. Un clásico moderno que nunca falla.
- El brioche de chon celta de Aitor (La Lleldiria), que también tuvo mucho que decir… y bien alto. Pan mantequilloso, carne sabrosa y una combinación que demuestra que, cuando hay buen producto y cabeza, no hace falta complicarse demasiado.
- Para terminar unos mejillones con un toque picante de la mano de Cesar, el típico mejillón en salsa roja que es diferente en todos los garitos de la bahía y alrededores
Al final, más allá de platos concretos, lo que queda es la sensación.
La de haber estado en un sitio donde pasan cosas. Donde la gente que crea —cocineros, productores, DJs— se junta para compartir lo suyo.
Un día especial en un sitio especial, rodeado de amigos y de buen hacer.
De esos domingos que te reconcilian con la hostelería y con el producto.
Porque cuando los artesanos se juntan para enseñar lo que hacen… pasan estas cosas.
Y oye, que se repitan muchas veces. 🍷🎶🔥
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