La Modernista, situada en Hoz de Anero, es uno de esos establecimientos que han consolidado su nombre gracias a una cocina tradicional bien asentada y a una oferta de guisos que se ha mantenido constante con el paso de los años. Su propuesta gira en torno a elaboraciones de cuchara que aprovechan productos locales y técnicas clásicas, lo que la convierte en una referencia para quienes buscan platos reconfortantes y de ejecución cuidada.

Entre sus guisos más reconocidos destacan tres preparaciones que resumen la identidad culinaria del lugar: alubias con pato, caricos y garbanzos con callos. Cada uno de ellos se elabora siguiendo procesos pausados, donde el tiempo y el control del fuego son determinantes. Las alubias con pato requieren una cocción lenta que permita que la legumbre mantenga su integridad mientras absorbe los jugos del ave. Los caricos, variedad autóctona de Cantabria, necesitan hidratación previa y una cocción suave para conservar su textura característica. Los garbanzos con callos, por su parte, combinan la gelatina natural del callo con un sofrito bien trabajado, que aporta profundidad y estructura al conjunto.

La casa es también conocida por sus pimientos rellenos, elaborados con una farsa tradicional que suele incluir carne picada y un fondo ligado con paciencia. El pimiento se cocina hasta alcanzar una textura tierna sin perder su forma, y se acompaña de una salsa que recoge los jugos del relleno.

En nuestra visita, correspondiente a la comida del tercer jueves de mes, el menú comenzó con una serie de entrantes clásicos: rabas, ibéricos y croquetas. Las rabas, cortadas en anillas regulares, se fríen en aceite bien caliente para obtener un rebozado crujiente sin exceso de grasa. Las croquetas presentan una bechamel trabajada a fuego lento, que permite una textura cremosa y uniforme.

El plato principal fueron unas verdinas con langostinos y almejas, una combinación habitual en la cocina norteña. Las verdinas, una legumbre fina y mantequillosa, requieren una cocción controlada para evitar que se rompan. El marisco se incorpora en el momento justo para que aporte su sabor sin sobrecocerse, y las almejas se abren en un caldo previamente filtrado para evitar impurezas. El resultado es un guiso equilibrado, donde la legumbre actúa como base y el marisco aporta matices salinos y aromas marineros.

El postre, leche frita, se elabora con una crema espesa aromatizada con canela y limón, que se deja reposar antes de cortarse en porciones, rebozarse y freírse. La textura final combina una capa exterior crujiente con un interior suave.

La Modernista continúa siendo un lugar donde la cocina tradicional se mantiene viva gracias a técnicas cuidadas, producto local y una apuesta por los guisos que han marcado la gastronomía cántabra. Un restaurante que conserva su identidad y que sigue siendo punto de encuentro para quienes valoran la cuchara bien trabajada.

Por El Mule

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