Hoy tocó reunión familiar y el destino nos llevó al Bodi Mataleñas, ese sitio donde la carta parece un mapa de tentaciones: dulce, salado, tostas, tortillas. Al entrar, un cartel anunciaba la última ocurrencia de la casa: la tortilla de croquetas. Promesa y riesgo en la misma línea.

La idea suena a invento feliz: una base de tortilla clásica —esa que en el Bodi ya es garantía— recubierta con una bechamel con dados de jamón, buscando el crujiente y la sorpresa. En la práctica, la base cumplió como siempre: jugosa con ese punto que te hace mirar al resto de la mesa con aprobación tácita. El recubrimiento, sin embargo, no remató la faena. Lo que debía aportar contraste crujiente quedó blando y la bechamel, en vez de cantar, susurró.

Idea brillante, ejecución a pulir. Volveremos por más.
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