Hemos Comido… en Güemes, en La Terraza, ese tipo de restaurante donde la tradición no se anuncia: se nota. Un lugar recién remozado, con terrazas que miran al verde y un trajín constante de peregrinos que entran buscando calor de cocina y salen con la sonrisa de quien ha acertado. Yo llegué por la insistencia de un buen amigo, de esos que no fallan cuando recomiendan un cocido montañés o un cabrito guisado.

La entrada: jibia, cocido y un menú que cumple

Éramos tres. Uno tiró por el menú del día —16 euros— y salió más que conforme: arroz con conejo y un filete de segundo, todo en su sitio, sin estridencias. 

Los otros dos empezamos compartiendo una ración de jibia encebollada. Bien trabajada, tierna, con ese punto de dulzor que da la cebolla cuando se deja caer sin prisas. La ración, eso sí, algo corta para mi gusto, pero prefiero eso a que me planten un plato enorme y mediocre. Aquí, por lo menos, lo que llega está bien hecho.

Luego vino el cocido montañés, recomendado por mi amigo y por media comarca. Y sí, estaba bastante bueno. El caldo con cuerpo, la berza en su punto, la alubia suave, el compango aportando lo que tiene que aportar. Un cocido que no busca llamar la atención, simplemente cumplir con lo que se espera de él. Y lo cumple.

El cabrito: luces y sombras

De segundo, cabrito guisado. Aquí la cosa flojeó. Le faltaba intensidad y le sobraba grasa, pero grasa entera, sin fundir, de esa que pide más tiempo al fuego. Mi ración estaba pálida, casi blancurria; la del otro comensal, más tostada y con mejor pinta. Aun así, no pasó el corte. Nos lo comimos, claro, pero no es un plato que recomendaría tal cual salió ese día. Quizá fue mala suerte, quizá un desajuste puntual, pero quedó lejos de lo que uno espera cuando le hablan de un buen cabrito.

El cierre dulce y el entorno

Los otros dos remataron con una tarta de zanahoria que les gustó bastante. Yo me quedé mirando el ir y venir de peregrinos, casi todos alemanes, que llenaban la terraza cubierta. El local, recién reformado, luce bien: limpio, amplio, con dos terrazas que invitan a quedarse un rato más. Es un sitio donde se está a gusto, donde la comida tradicional sigue mandando y donde, si aciertas con el plato, sales satisfecho.

La Terraza es uno de esos restaurantes que mantienen viva la cocina de siempre, la que no necesita adornos. El cocido merece la visita, la jibia también. El cabrito, al menos en esta ocasión, no estuvo a la altura. Pero el conjunto —el ambiente, el trato, el entorno y esa sensación de estar comiendo en un sitio honesto— hace que uno salga con ganas de volver y seguir probando. Y eso, hoy en día, ya es bastante.

Histórico de visitas

Por El Mule

Etiquetas del articulo

Compartir

Categorías
Scroll al inicio