Entrar en el restaurante Gele, en Santander, con la humilde intención de tomar unas rabas y un vermut, y terminar catando pequeñas rarezas del mundo enológico tiene su aquel. No es la primera vez que me pasa y, conociendo el terreno, mucho me temo que tampoco será la última.

Aquel día llevaba un antojo de rabas de los que no admiten negociación, así que me acerqué a primera hora para cumplir con el ritual

Allí coincidí con Ramón. El vermut vino de la mano de un desconocido Amanecer, aunque en el Gele conviene no confiarse, porque suele ser solo el comienzo y si viene acompañado de unas olivas de tapa y unas rabas la conversación va a ser intensa.

La conversación se fue animando y, casi sin darnos cuenta, pasamos a un vino dulce elaborado con garnacha, una uva que puede ofrecer sabores maduros, golosos y muy aromáticos.

Para rematar la jugada apareció un sorprendente Antojo de Galleta, de Licores del Mono, una de esas curiosidades que uno no espera encontrarse cuando sale de casa pensando únicamente en rabas. Lo dicho: en el Gele sabes por qué entras, pero nunca tienes demasiado claro cómo vas a terminar. Y, seamos sinceros, ahí está buena parte de la gracia.

Por El Mule

Histórico de visitas

 

Etiquetas del articulo

Compartir

Categorías
Scroll al inicio