Hemos Comido… en Bedoya, situado frente al actual Complejo Municipal de Deportes Ruth Beitia, en la zona de La Albericia en Santander.Un establecimiento con una larga trayectoria que se ha consolidado como uno de los referentes para el menú del día en la ciudad.

El local mantiene una clientela fiel que acude tanto al comedor como a la barra, donde el ritmo es constante debido también al servicio de raciones para llevar. Este elevado volumen de trabajo tiene una consecuencia directa: algunos platos del menú se agotan si no se llega con cierta antelación, algo habitual en casas con rotación alta y cocina diaria.

En esta ocasión, al no poder acceder a varias de las elaboraciones previstas del menú, opté por la carta, lo que permitió profundizar en dos platos representativos de su propuesta culinaria.

Bedoya Comer en Santander Cantabria Cocido montañes

El primero fue un cocido montañés, uno de los guisos más emblemáticos de Cantabria. Se trata de una preparación basada en alubia blanca, berza y compango (chorizo, morcilla y tocino), que requiere una cocción prolongada a fuego suave para conseguir una integración adecuada de sabores y una textura melosa del conjunto. En El Bedoya presentan una versión donde la legumbre se muestra en su punto, sin perder la piel, y el caldo resulta limpio pero con la suficiente intensidad, señal de un buen control de tiempos y proporciones.

Bedoya Comer en Santander Cantabria Escalopines al queso

Escalopines al queso

Como plato principal, elegí unos escalopines con salsa de queso, una elaboración menos habitual en la restauración actual pero muy presente en la cocina de hace unas décadas. En este caso, se emplean medallones de solomillo de vacuno, cortados en piezas regulares, ligeramente rebozados y cocinados con precisión para mantener la jugosidad interior.

La salsa de queso, por su parte, aparece trabajada con un enfoque moderado, buscando una textura cremosa sin exceso de intensidad, lo que permite que el protagonismo siga recayendo en la carne. El acompañamiento de patata, cortada en dados y elaborada de forma tradicional, aporta un contrapunto sencillo pero efectivo, alejándose de soluciones industriales y manteniendo la coherencia del conjunto.

La experiencia se completa con un servicio ágil, acorde al alto volumen de clientes, y una relación calidad-precio ajustada. El comedor, completamente lleno durante la visita debido a una comida de grupo, refleja una realidad constante en el establecimiento: su capacidad para atraer público de forma continua a la hora del almuerzo.

El Bedoya sigue funcionando como una dirección fiable dentro de la oferta gastronómica de Santander, especialmente para quienes buscan cocina tradicional bien ejecutada y sin complicaciones, con platos clasicos y una regularidad que explica su éxito sostenido en el tiempo.

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