Hemos Comido… en el Conde Luna, el primero de los asadores de la calle principal de Cueto, en Santander. Una dirección muy vinculada a la cocina de producto, a la parrilla y a esa tradición de pescado asado que durante años ha tenido en Cueto uno de sus territorios más emblematicos. En una época en la que no siempre resulta sencillo encontrar asadores donde disfrutar de buenas sardinas a la brasa en Cantabria, este tipo de visitas cobran todavía más interés gastronómico.

Las Sardinas ese oscuro objeto del deseo

La comida comenzó con dos raciones de sardinas compartidas entre cuatro comensales. La sardina es un pescado azul que agradece mucho la brasa, pero también exige cuidado: necesita buen punto de grasa, tamaño adecuado y una cocción rápida que marque la piel sin secar la carne. En este caso llegaron terciadas, jugosas y con ese punto salino y ahumado que pide pan debajo, como mandan las costumbres de la zona.

La VENTRESCA en mayósculas

La ventresca a la brasa fue el siguiente paso dentro del apartado marinero. Esta pieza, procedente de la zona inferior del bonito o del atún, destaca por su infiltración grasa y por una textura especialmente melosa. En parrilla conviene trabajarla con calor controlado para que se dore el exterior, se funda parte de la grasa y el interior mantenga jugosidad. Aquí apareció sabrosa, bien tratada y acompañada por unos pimientos asados a la leña que aportaban dulzor, textura ligeramente firme y un fondo ahumado muy agradable.

Una de pescado y otra de carne la molleja braseada

La molleja braseada cerró la parte salada. Es una elaboración que requiere limpieza previa, una cocción que ablande la pieza y un remate de brasa capaz de dejar una superficie dorada sin perder ternura en el interior. El resultado fue una ración sabrosa, con buena textura y adecuada como remate antes de pasar al dulce.

El espumoso bebida refrescante 

La bebida elegida fue un Gramona, acierto claro para un día caluroso y para una mesa marcada por pescado azul, parrilla y pimientos. Gramona es una bodega histórica de Sant Sadurní d’Anoia, en el Penedès, y forma parte de Corpinnat, marca colectiva vinculada a espumosos elaborados en el corazón del Penedès. En sus vinos tienen presencia variedades tradicionales como xarel·lo, macabeo y parellada, junto a chardonnay y pinot noir. La elaboración mediante método tradicional supone una segunda fermentación en botella, proceso que aporta burbuja fina, frescura, textura y matices de crianza sobre lías, con recuerdos que pueden ir de la fruta blanca y los cítricos a notas de panadería, frutos secos y levaduras.

En este contexto, el espumoso funcionó especialmente bien porque la acidez y la burbuja ayudan a limpiar la grasa natural de las sardinas y de la ventresca, mientras que su perfil seco acompaña sin tapar el recuerdo de la brasa. También se entendió bien con los pimientos asados, donde el dulzor vegetal y el matiz ahumado pedían una bebida fresca, precisa y con capacidad gastronómica.

El final dulce

Los postres completaron la comida con tres elecciones: helado al cava, tarta de queso y helado de pasas al Pedro Ximénez bañado con el propio PX. Este vino dulce, elaborado con uva pedro ximénez, suele ofrecer aromas de pasas, higos secos, caramelo y frutos secos, por lo que encaja muy bien con helados cremosos y postres de perfil lácteo. Fue un cierre goloso para una comida centrada en la brasa, el pescado de temporada y una manera reconocible de comer en Cantabria.

En conjunto, el Conde Luna respondió a lo que se espera de un asador cántabro cuando uno va buscando sardinas, ventresca y producto tratado con criterio. Cueto quizá no conserve ya la misma concentración de asadores de pescado de otros tiempos, pero visitas como esta recuerdan que la tradición sigue viva cuando la brasa, el producto y el punto de cocina van de la mano. Primera ronda veraniega de sardinas con muy buenas sensaciones y con ganas de seguir comparando.

Por El Mule

Histórico de visitas

Etiquetas del articulo

Compartir

Categorías
Scroll al inicio