Hemos Comido… en Petra, un restaurante de cocina libanesa y palestina al que llegué por recomendación de unos cuantos habituales. Mi contacto con estas elaboraciones había sido escaso y casual; esta vez me acompañaba otro comensal más acostumbrado a ellas. Había ganas de probar y buena compañía para hacerlo.

Pan de pita para empezar

La primera pregunta fue si íbamos a tomar pan. Dijimos que sí y llegó el de pita: plano, redondo y con ese hueco interior que se forma por el vapor durante la cocción a alta temperatura. Una buena compañía para lo que vino después, especialmente para untar la muhammara.

Falafel: crujiente y especiado

Comenzamos con media ración de falafel, esas pequeñas piezas fritas de legumbres trituradas, hierbas y especias. Aquí me quedo con el contraste: muy crujientes por fuera y con un interior especiado. Llegaron acompañadas de una salsa de queso que nos gustó a los dos. Buen comienzo para quien, como yo, aún anda conociendo esta cocina.

Muhammara, a por el pan de pita

A la vez nos sirvieron la muhammara, una pasta roja y espesa para untar. La de Petra llevaba pimientos asados, nueces, pan tostado, ajo, sofrito de cebolla, tahini, melaza de granada, zumo de limón y aceite de oliva. El pan de pita encontró aquí su cometido. Era otra novedad para mí y otra ración en la que coincidimos: nos gustó a ambos.

Patatas con su punto picantillo

Soy muy de patatas, así que las libanesas tenían mi atención de antemano. Venían cortadas en daditos, con ajo, cilantro fresco y cierto toque picantillo. Un gustazo de ración: de esas que uno empieza con interés y termina celebrando haber pedido.

Arayes de carne

Cerramos la parte salada con una ración de arayes de carne: pan relleno de carne picada especiada, con el contraste entre el exterior crujiente y el interior jugoso. Un bocado que se entiende enseguida, aunque uno no esté acostumbrado a los nombres de la carta.

Baklava y kunafa, terreno conocido

Para terminar llegaron el baklava y la kunafa. Aquí ya no iba de nuevas: son dulces que conocía y que siempre me han encandilado. Después de unas cuantas novedades saladas, apetecía cerrar con dos nombres a los que ya les tenía ganas antes de sentarme.

En Petra también cuenta cómo te atienden: se acercan con cada ración, preguntan y explican lo que hay en la mesa. Atención excelente, raciones generosas y precios ajustados. Llegué por recomendación ajena y salí con ganas propias de volver. Espero no tardar.

Por El Mule

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