Hemos Comido… en Duke’s, en Maliaño, y no, no hemos pedido hamburguesas. Esta vez nos dio por salirnos de ese guion y probar algo completamente diferente. Un taco, unas gyozas y una brocheta pusieron el cambio de rumbo sobre la mesa.

Un taco que convence al morder

Comencé con un taco machote con nata criolla, pico de gallo, lombarda, maracuyá, fresa y salsa marcha. Al leer semejante combinación, lo primero que pensé fue que allí había un buen derroche de imaginación. Pero una cosa es leer los ingredientes y otra llevárselos a la boca.

Y ahí cambió el cuento: lo que sobre el papel me había sorprendido se convirtió en un bocado delicioso. La mejor respuesta a mis dudas no vino con explicaciones; vino al probarlo.

Gyozas con acento marino

Después llegaron las gyozas de gambón y centollo, con gel de manzana verde, boniato, fruta tropical y salsa macha. Crujientes, de esas que invitan a prestar atención al primer mordisco, y con un relleno donde el sabor marino no decepciona.

Entre tanto acompañamiento, me quedo precisamente con eso: la textura crujiente y ese relleno de gambón y centollo que cumple lo que promete.

Una brocheta en condiciones

El solomillo llegó en brocheta, con setas y una base de puré de setas de sabor intenso. Aquí la carne estaba en su punto y era excelente. El puré no se quedaba en hacer de soporte: tenía mucho que decir con ese gusto marcado a setas.

Una brocheta en condiciones, que es una forma bastante clara de decir que la disfruté. Tampoco hace falta darle más vueltas cuando la carne está así.

Fuimos a Duke’s y dejamos las hamburguesas para otra ocasión. Nos llevamos un taco que despejó las dudas al primer bocado, unas gyozas crujientes y un solomillo en su punto. Para haber cambiado de idea, comimos la mar de bien.

Por El Mule

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