Un cochinillo para tres. Ese fue el plan en Hostel & Co al comenzar sus jornadas de este asado segoviano. El nuestro pesaba tres kilos y medio: convenía medir los preliminares. Yo ya lo había probado aquí; uno de mis acompañantes nunca había comido cochinillo y el otro no lo conocía en el Hostel. Había ganas de ponerse a ello.

Tomate y vinagres de alto copete

Empezamos con un tomate en su justo punto de maduración y dos vinagres de la casa aguilarense Toro Albalá para elegir: Pedro Ximénez reserva y vino fino reserva seca, ambos con cinco años de barrica. Dos opciones de división de honor. Elegí el de Pedro Ximénez, también favorito de mis compañeros. Primera decisión, por unanimidad.

Cochinillo: piel crujiente y bandeja limpia

Terminado el tomate llegó el cochinillo entero sobre una bandeja de horno. Piel intacta y crujiente; debajo, carne jugosa, en su punto, que se desprendía con facilidad. Tocamos a un buen par de raciones por cabeza. Fue una comida opípara, pero no hubo retirada: solo quedaron los huesos.

Javier, el gerente, nos explicó que siguen la receta clásica de Segovia, con una preparación más compleja que poner el cochinillo en la bandeja. Y se nota. Lo sirven desgrasado, con la grasa aparte y una ensalada de lechuga y cebolla como acompañamiento.

Ellos, queso; yo, café con helado

Ellos terminaron con helado de queso; yo, con café con helado. Después de semejante bandeja, aún quedó sitio para el remate dulce.

El Hostel sigue apostando por una cocina cuidada, producto de altísima calidad y elaboraciones clásicas que no fallan. Quedamos para comer un cochinillo entre tres y cumplimos hasta el último bocado. Acabamos bien servidos; en la bandeja, los huesos dieron fe.

Por El Mule

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