Volver a Las Hijas de Florencio es regresar a uno de esos locales míticos de Santander que parecen haber vivido varias vidas. Su reapertura en el Paseo de Pereda y en la calle Ataúlfo Argenta mantiene rasgos reconocibles de otras etapas, ahora bajo la dirección del grupo de Carlos Crespo, vinculado a El Riojano. El resultado apunta a una evolución prudente: conservar la personalidad del establecimiento y actualizar su propuesta sin romper con lo anterior.



Una reapertura que mira a lo conocido
El cambio de dirección no busca borrar la memoria del local. Al contrario, la nueva etapa se presenta como una continuidad revisada, apoyada en una carta de elaboraciones tradicionales y pensada para distintos momentos. La barra de la entrada sigue teniendo un papel destacado y mantiene la charcutería, que puede pedirse en raciones o en tablas. Es una fórmula directa y fácil de entender, apropiada tanto para una parada breve como para compartir con más calma.
En esa continuidad también pesa la ubicación. Tanto el Paseo de Pereda como la calle Ataúlfo Argenta sitúan la propuesta en dos puntos muy ligados al pulso de Santander. La intención no parece ser convertir el recuerdo en una pieza de museo, sino devolverlo a la conversación cotidiana: entrar, acercarse a la barra, pedir algo de picoteo y acompañarlo con un vino. Un planteamiento sencillo y muy nuestro para quien entiende la comida como encuentro.
Huevos, ensaladilla y guisos de cuchara


Los primeros bocados resumen bien la orientación de la carta. Los huevos rellenos de bonito recuperan una preparación doméstica y muy presente en nuestro recetario, de esas que funcionan cuando el relleno y el huevo conservan su identidad. A su lado aparece la ensaladilla, una elaboración que ya caracteriza a otros establecimientos del grupo y que aquí sirve de enlace entre la nueva gestión y una manera consolidada de trabajar.
También hay sitio para los callos guisados al modo tradicional. Servidos en clave de tapa, reivindican la cocina de cazuela dentro de un formato adecuado para la barra y el picoteo. Es una elección coherente con el resto de la propuesta: recetas conocidas, porciones destinadas a compartir y sabores que no necesitan demasiadas explicaciones para encontrar a su público. En una carta donde conviven preparaciones frías, vegetales y embutidos, el guiso añade profundidad y una textura melosa.
Picoteo de barra y charcutería

El tramo más informal de la carta se apoya en una propuesta de chistorra con yema de huevo, una combinación de grasa, jugosidad y untuosidad concebida para comer sin demasiados protocolos. Junto a ella aparecen clásicos del aperitivo como las gildas, los boquerones y el matrimonio. Son bocados salinos y vivos, especialmente adecuados para acompañar una copa de vino y alargar la conversación junto a la barra.
La charcutería refuerza esa lectura del local. Poder elegir entre raciones y tablas permite ajustar el pedido al número de comensales y al apetito, sin convertir la visita en algo rígido. Esa flexibilidad enlaza con la identidad de una casa que quiere seguir siendo lugar de paso, de encuentro y de mesa compartida. No hace falta complicar el mensaje: huevos rellenos, ensaladilla, alcachofas, callos, chistorra, gildas, boquerones y charcutería componen una oferta variada dentro de un marco comprensible.

Las Hijas de Florencio vuelve con el reto de respetar lo que muchos recuerdan y, al mismo tiempo, dar sentido a su presente. La nueva dirección propone una transición más que una ruptura, con platos reconocibles, formatos de barra y una charcutería que permanece en primer plano. Entre un huevo relleno de bonito, unas alcachofas con romesco, una tapa de callos o una gilda con vino, el local recupera su sitio en Santander desde una cocina cercana, sabrosa y fácil de compartir.

- 📍 Ubicado en: P.º de Pereda, 23, 39004 Santander, Cantabria
- ☎️ 942 31 04 75
- 📱 Instagram: @lashijasdeflorencio
