Hemos Comido… en Rosamunda, en La Maruca, un local que ya había visitado el pasado año y al que regresé para comprobar de primera mano su nueva etapa. La gerencia ha pasado a manos del cocinero, aunque se mantiene una propuesta centrada en las brasas y en los arroces elaborados con leña.
Toma su nombre de la cercana Playa de Rosamunda es una pequeña cala natural y salvaje de unos 50 metros de longitud, escondida en la costa norte del municipio de Santander. Al estar apartada, es un rincón muy tranquilo, ideal para quienes buscan desconectar del bullicio y disfrutar del mar en un entorno completamente natural.




En esta ocasión compartí mesa con Íñigo @pordofoodie y Marcelino @gastrorgasmico, a quien no conocía. Después de las presentaciones, nos pusimos a lo importante: una comida abundante, con el fuego como hilo conductor y varios platos capaces de marcar diferencias.
Croquetas que se salen de la fila

Comenzamos con croquetas de cocido y de jamón. La textura, justamente cremosa, y una fritura cuidada las alejan de buena parte de la oferta habitual. No hubo discusión en la mesa: nos gustaron a los tres.
Alcachofas, brasa y un vinagrillo suave

Después llegaron unas alcachofas confitadas, elaboradas en la casa y terminadas en la brasa. La alcaparra y un vinagrillo suave aportan contraste, afinan el conjunto y les dan un carácter particular. Estaban suculentas, con un sabor agradable y el toque preciso del fuego.
Arroz con carabineros y huevo frito





Los principales arrancaron con un arroz con carabineros y huevos fritos. El fondo estaba bien trabajado y sostenía el sabor del plato con solvencia. Los carabineros llegaron en su punto, mientras el jugo de las cabezas aportaba matices al arroz. La yema añadía esa untuosidad propia de los arroces melosos. El resultado fue muy sabroso, aunque, por gusto personal, habría preferido el grano algo más al dente.
Rodaballo salvaje: pescado, brasa y guarnición


Cerramos la parte salada con un rodaballo salvaje a la brasa, sin añadidos que desviaran la atención de su sabor. Pescado y fuego, acompañados de una buena patata panadera y unos pimientos asados de primera: carnosos y con ese regusto ahumado tan característico.
Fue una comida en toda regla y nadie salió con hambre. Aun así, alguno encontró sitio para una tarta de queso; yo no pude. Desde mi última visita, Rosamunda ha cambiado de forma sustancial y el resultado se aprecia en la mesa. Con las brasas bien presentes y el arroz como argumento de peso, volveré seguro.
Por El Mule
- 📍 Ubicado en: Bo. Monte-Corbanera, 31, 39012 Santander, Cantabria
- ☎️ 613 83 39 25
- 📱 Instagram: @rosamundarestaurante
