Casa Enrique, en Solares, es uno de esos establecimientos que han logrado mantenerse como referencia dentro de la cocina tradicional de Cantabria. Su propuesta, centrada en guisos, legumbres y platos de cuchara, ha sido durante décadas un punto de encuentro para quienes buscan elaboraciones montañesas preparadas con rigor y respeto por el producto local. Por ello, la Cofradía de los Cocidos decidió rendirle un homenaje en reconocimiento a su trayectoria.

Entre los platos servidos durante la jornada destacaron los caricos, una variedad de alubia roja muy vinculada a la identidad culinaria de Cantabria. Esta legumbre se caracteriza por su textura mantecosa, su piel fina y su capacidad para absorber los sabores del guiso sin perder estructura. Su nombre procede de la adaptación del término francés haricots, aunque en el habla montañesa existe el vocablo carica, que significa careta, lo que abre la puerta a una posible interpretación local: la “alubia de careta”.

En Casa Enrique, los caricos se trabajan siguiendo un método tradicional que prioriza la cocción lenta.

Este tipo de preparación es un ejemplo claro de la cocina de Cantabria basada en productos de proximidad, técnicas heredadas y un conocimiento profundo de las materias primas. Para quienes buscan información sobre gastronomía montañesa, los caricos representan uno de los guisos más emblemáticos y un punto de partida para entender la tradición culinaria de la región.

Al finalizar la comida, la Cofradía entregó a Enrique el puchero que acredita su buen hacer en la cocina tradicional y deja constancia de la visita. Un gesto que subraya la importancia de mantener vivas estas casas de comidas donde la historia culinaria de Cantabria sigue latiendo en cada plato.

 

Etiquetas del articulo

Compartir

Categorías
Scroll al inicio