Hemos Comido…en la calle Enseñanza de Santander, junto a la Plaza de la Leña. El establecimiento abre sus puertas en junio de 2011 o sea que lleva abierto un mes escaso.

Julio 2011. Cocina tradicional con toques de autor y los productos de mercado elaborados por el restaurador Carlos González, que ha ejercido en el restaurante Garden, del hotel Juan Carlos I de Barcelona, que cuenta con una estrella Michelín y en el hotel Valvusenda, de Zamora, con categoría de cinco estrellas.
El metre del Olleros es Víctor Sanjurjo, que, tras su paso por el restaurante de Martín Berasategui en Lasarte, ha llegado al nuevo local santanderino. El Olleros ofrece una amplia carta para comer o cenar, un menú ejecutivo, pinchos elaborados y aperitivos de mediodía con tapas. 
El nuevo restaurante ofreció una fiesta para más de un centenar de invitados que fueron recibidos por el propietario del local, Rafael Pérez-Olleros.
Al frente del negocio está Rafael Pérez Olleros, un salmantino con experiencia en el sector y afincado en Santander, para desarrollar el proyecto cuenta con dos jóvenes con proyección, que anteriormente han coincidido en el restaurante gastronómico del Hotel Juan Carlos I de Barcelona. Entre los fogones, un joven zamorano, Carlos González, que ya tiene una trayectoria destacada. Y en sala, un gallego, Víctor Sanjurjo, buen conocedor de su oficio.
 

De inicio, la apuesta del restaurante Olleros es un menú ejecutivo que a diario ofrece un entrante, carne o pescado y un postre, y que se basa en el producto de mercado o también de un menú degustación.

En cuanto a la carta, cortita pero bien pensada.

En lo referente a vinos una muy buena y amplia carta.

En la barra

Quedamos para tomar unas cañas en la barra y para variar llegué el primero, la atención del personal en buenisima, de lo mejor que he visto ultimamente, muy eficientes y simpatiquísimos. En la barra te tomas un vino o caña y te invitan a una tapa, yo me tomé tres en lo que esperaba. Antes de la comida con la espera y el aperitivo cayeron tres cañas y tres tapas, la primera de mejillón en vinagreta, excelente, la segunda de boquerón, buenísima y la tercera de salmón con queso, muy buena también; en resumen antes de entrar casi habia comido ya. En lo que estuvimos esperando desfiló bastante gente a tomar el aperitivo, a por cierto, también nos pasaron una bandeja con unas muy buenas rabas.

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En el comedor

Habíamos reservado y eramos dos a comer, Ramon y yo. Nos habían hablado del menú ejecutivo y decidimos probarlo. Antes de seguir, las instalaciones del comedor son de primera.

Nos sirvieron unos aperitivos bienvenida consistentes en una patatas chip con morcilla y ali oli de espárrago. Algo delicioso y muy fino, de sabor ligero, un buen comienzo.
Yo tome de primero verduras asadas con queso de cabra y el otro comensal ensalada Cesar. A mí las verduras me dejaron indiferente, la realidad es que era una escalibada y lo mejor de la misma los pimientos, muy bien asados, la berenjena no me hizo ninguna gracia y el rollo de queso era excesivo, por supuesto mataba el sabor de la verdura. Este primer plato no me hizo ninguna gracia.
A Ramon le pasó lo mismo con la ensalada Cesar a la que decidimos cambiar en nombre por «Grandes trozos de pollo y pan frito sobre cama de lechuga salada». La ensalada venía acompañada de un cuenco con salsa Cesar, estaba muy salada, exceso de pollo y pan frito, y sin el sabor característico a anchoa de esta salsa. En fin los dos primeros muy regularcillos, muy baja puntuación.
Entre plato y plato nos preguntaron por los primeros, y le contamos lo que nos parecia al maitre, le dimos una buena chapa.
De segundo yo tomé codillo confitado con chucrut. Muy bueno, las verduras que le acompañaban esta vez perfectas de punto al dente muy de mi gusto y el sabor del codillo buenísimo. Este plato muy bueno, lo único que se me hizo algo escaso de tamaño.
Ramon tomó de segundo solomillo de ternera con patatas Puente Nuevo y pimientos de Padrón. Le gustó mucho la carne, pero las patatas estaban un pelín duras, los pimiento perfectos de punto.
En los postres yo tomé nuestro postre irlandes, una decostrucción de café irlandés, buenísimo, me gustó mucho. El otro comensal alabó lo bueno que estaba el suyo, estofado de fresas con nata.
Comimos con Viña Alcorta crianza de 2007, un vino color rojo cereza intenso, brillante y con lágrima fina. Suave, con un paso aterciopelado, buen equilibrio entre la fruta y la madera.
Con el café nos sirvieron unos petit fours consistente en una magdalena de pistacho, chocolate blanco y una crema de chocolate con manzana. Muy buenos los tres. Durante el café estuvimios cambiando impresiones con el dueño que nos pareció un gran profesional y con la intenciones claras.

En resumen el lugar promete, la carta lo dirá la próxima vez. Esta ocasión se me hizo carillo el precio del menú en lo que infuyó en gran medida los entrantes como nota negativa.

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