Hemos Comido…en El Camino Real de Selores, estas últimas vacaciones de navidad nos acercamos por Cabuérniga y caímos no sé muy bien como en este lugar que por cierto también es hotel.

‘El Camino Real de Selores’ es una antigua casa palacio del siglo XVII, situado en el corazón de la Reserva Natural del Saja, en el Valle de Cabuérniga. El decorador cántabro Paco Entrena y su hija Silvia regentan este  establecimiento desde hace diez años. Su característica más destacable, es la imaginación con la que están decoradas las habitaciones y todo el complejo.
El color es el protagonista en todas las estancias, creando en cada una de ellas un ambiente diferente. El amarillo, el fucsia, el blanco, el azul…toda esta fantasía visual inunda al visitante nada más llegar.
Otra de las características de este complejo es su afamado restaurante dirigido por el jefe de cocina Jesús Ángel González. En el año 2006 años quedó el cuarto en el Campeonato Nacional de Cocina, después de ganar el regional.

El restaurante abunda de la extravagante personalidad que caracteriza al establecimiento y propone una oferta basada en el producto y la cuidada elaboración.

Entre sus especialidades destacan: montado de morcilla, pimiento asado, bacalao con crema de hongos y huevo escalfado, manos de cerdo deshuesadas, boletus edulis y salsa de su guiso y brazo pasiego borracho con crema de orujo y helado de dulce de leche.

Enclavado en las antiguas cuadras de la casona, el restaurante tiene en su decoración el estilo inconfundible de su propietario. Sus altos techos con vigas de madera, la iluminación, los curiosos objetos que decoran la estancia y el color como protagonista.

Se trata de una cocina elaborada con los productos tradicionales de la zona con un toque de modernidad.
Las premisas por las que se guía Jesús para hacer una buena cocina es tener productos frescos y de buena calidad, respetando el sabor de la materia prima. Otro rasgo destacable es la originalidad con que se presentan los  platos, de una forma muy personal y creativa.
La carta está muy marcada por los entrantes diferentes desde el foie, hasta un carpaccio de lomo de novilla. El pescado, además del bacalao, se rige por el mercado. En cuanto a las carnes, hay variedad para satisfacer todos
los gustos: solomillo, carrilleras, envuelto de lomo de novilla o pollo de corral guisado. En los postres encontramos desde hojaldre relleno, milhojas, mousse de queso o sobao pasiego borracho de crema de orujo.

No habíamos reservado pero había sitio, éramos cuatro comensales. Comenzamos compartiendo Ensalada de queso de cabra con salmón ahumado, yo no soy muy amigo de las ensaladas, pero esta la verdad que me gusto bastante. Compartimos también un crujiente de ibérico con vinagreta de pasas y piñones, delicioso, un  poco graso pero delicioso, y por ultimo compartido de como entrantes Láminas de bacalao con gelatina de alioli, crujiente de cecina y muselina de olivos, el que más me sorprendió de los entrantes, muy bueno.

Ya dentro de los segundos tomamos carrilleras confitadas con tomate y crema de foie,  acompañadas de diferentes tipos de verduras que junto al foie le da al conjunto un sabor idóneo, según el comensal.  Otro de los comensales le supo a poco el bacalao de lo entrantes y se pidió Láminas de bacalao con crema de gambas, ajos tiernos y limón. Un plato que también encanto al comensal.

Y los otros dos tomamos Manitas de cerdo con patatas confitadas. La carne jugosa y con todo su sabor, va acompañada de las patatas confitadas y de foie, me encanto, contundente pero sabroso, muy recomendable.

De postre tomamos, Peras al vino con crema de flan y sobao pasiego de con crema de orujo. Muy caseros y buenos los dos. En lo referente a vino comimos con un Ostatu rioja.

En resumen el lugar merece la pena en todos los aspectos, situación, decoración. La atención del personal muy buena. El precio dentro de lo razonable.

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