III Gran Capítulo de la Cofradía de los Cocidos de Cantabria: tradición, memoria y fuego lento en Torrelavega

Hay cofradías que nacen de un despacho y otras que nacen de una mesa. La de los Cocidos de Cantabria pertenece, sin duda, al segundo grupo. Su origen está en el Grupo Gastronómico-Cultural Los Compangos, once amigos que cada jueves peregrinaban por los restaurantes de la región para rendir culto a un menú tan cántabro como contundente: rabas de calamar, cocido y leche frita. De aquellas sobremesas nació la idea de crear una cofradía que protegiera, divulgara y recuperara la enorme variedad de cocidos cántabros, algunos ya casi desaparecidos.

La Cofradía se presentó oficialmente en Torrelavega el 16 de octubre de 2020, ciudad donde tiene su sede. Tres años después, el 4 de octubre de 2023, celebró su III Gran Capítulo, integrado en la Primera Semana del Cocido, una iniciativa destinada a reivindicar el guiso como patrimonio cultural y gastronómico.

Un escenario con historia

El epicentro de la jornada fue el Círculo de Recreo de Torrelavega, fundado en 1861, que acogió la recepción y el desayuno de bienvenida a las cofradías invitadas. Estos encuentros, habituales en el mundo cofrade, funcionan como una mezcla de protocolo, hermandad y liturgia gastronómica: se saludan viejos conocidos, se intercambian insignias y, sobre todo, se habla de cocina.

El acto oficial estuvo conducido por el cofrade Andrés Alonso, con una mesa presidencial formada por Gabriel Argumosa (presidente), Manuel Rodríguez (secretario), Miguel Remón (presidente del Círculo) y Javier López Marcano (alcalde de Torrelavega).

El alcalde felicitó a la Cofradía y comparó su labor con la transformación urbana que vive la ciudad: “del pasado al futuro”, dijo. Argumosa, por su parte, agradeció el apoyo institucional y destacó la recuperación del “Puchero de Torrelavega”, una receta rescatada por los cofrades Luis Cordero y Reyes Gómez a partir de un texto de José María Pereda del siglo XIX. Un ejemplo perfecto de cómo la cocina también es arqueología.

Nuevos cofrades, viejas historias

Tras la lectura del acta fundacional, fueron entronizados cuatro nuevos Cofrades de Número, aunque solo tres pudieron asistir. Recibieron su diploma y los atributos que los identifican como miembros de pleno derecho.

También se entregaron tres distinciones de Mérito. La primera, para Pepita Arco, figura histórica de la hostelería torrelaveguense, que a sus 93 años sigue pasando cada día por el café bar Urbano’s, fundado en 1963. Las otras dos fueron para Cayo y Carmen, de Casa Cayo (Potes), uno de los templos del cocido lebaniego.

El presidente tomó juramento a todos ellos, primero a los de Número y después a los de Mérito, siguiendo el ceremonial propio de las cofradías gastronómicas.

Un Cofrade de Honor muy querido

El momento más emotivo llegó con el nombramiento de Cofrade de Honor al bailarín y coreógrafo Javier Castillo “Poty”, una de las personalidades más queridas de Torrelavega. Recibió el diploma de manos del alcalde, del presidente y de Javier Marcano, presente entre el público.

Poty agradeció el reconocimiento, celebró compartirlo con su madre —recién nombrada Cofrade de Mérito— y reivindicó su amor por Cantabria y por sus cocidos, sorprendido por la cantidad de variantes que existen en la región.

El acto concluyó con la interpretación del Himno de Cantabria, que puso el broche solemne a la ceremonia.

Desfile, ollas ferroviarias y paseo de la fama

Tras el acto, comenzó el desfile cívico hacia la plaza de Baldomero Iglesias. El recorrido incluyó los soportales de la plaza Mayor, donde los participantes del I Concurso de Ollas Ferroviarias preparaban sus guisos.

La olla ferroviaria, para quien no la conozca, es un invento del siglo XIX utilizado por maquinistas y fogoneros para cocinar durante las largas jornadas de tren. Su cocción lenta y constante es perfecta para cocidos, potajes y guisos de cuchara.

El desfile continuó por el Paseo de la Fama de Torrelavega, donde Poty acaparó todas las miradas posando junto a su placa.

Participaron cofradías asturianas —Amigos de los Nabos, Quesu Gamoneu y el Círculo Gastronómico de los Quesos Asturianos— y cántabras —Anchoa de Santoña, Bonito del Norte, Hojaldre de Torrelavega, Nécora de Noja, Queso de Santander, Orujo y Vinos de Liébana, Tomate y Pimiento de Ampuero y Zapico de Santander—, un auténtico mapa viviente de la despensa del norte.

En la plaza también finalizó la I Carrera del Capellán en albarcas, una prueba tan pintoresca como divertida, en la que participó incluso el expresidente cántabro Miguel Ángel Revilla.

Una comida de hermandad pasada por agua

La comida de hermandad estaba prevista en una carpa instalada en la plaza, pero la lluvia obligó a trasladarla a Barreda, al centro de formación de hostelería. Antes, los asistentes disfrutaron de tiempo libre para recorrer la hostelería local.

El menú, servido a un precio de 45 euros, fue un homenaje a la cocina tradicional:

  • Embutidos y quesos cántabros
  • Degustación del Puchero de Torrelavega
  • Cocido montañés, el rey de la jornada
  • Selección de pasteles del cofrade Luis Vega

Todo ello armonizado con los vinos Altos de Castro (blanco y tinto), DOP Ribera del Duero, elaborados por el cofrade Luis Castro.

Un sorteo de regalos y una actuación musical pusieron el punto final a un día que, más que un acto protocolario, fue una celebración de la identidad culinaria cántabra: cocidos, memoria, amistad y fuego lento.

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