Premios Beato de Liébana cuando la convivencia, la memoria y la gastronomía se dan la mano

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana no es solo piedra, silencio y montaña. Es también un lugar cargado de simbolismo donde la historia, la espiritualidad y la identidad cultural se entrelazan. En este fascinante escenario, se han entregado los Premios Beato de Liébana 2025-2026, unos galardones que reconocen trayectorias humanas y colectivas comprometidas con el entendimiento, la convivencia y la cohesión entre pueblos.

La presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, apeló durante el acto a valores tan necesarios como la generosidad, la ayuda mutua y la convivencia, subrayando la importancia de trabajar por “un mundo más unido, humano y justo”. Un mensaje que cobra especial sentido cuando se pronuncia en uno de los cinco lugares santos del cristianismo que gozan del privilegio del Año Jubilar a perpetuidad, una distinción de enorme relevancia histórica y espiritual.

Víctimas del terrorismo y cofradías gastronómicas: el entendimiento como legado

En la categoría de Entendimiento y Convivencia, los Premios Beato de Liébana han querido distinguir dos realidades muy distintas, pero profundamente conectadas por su dimensión humana: las víctimas del terrorismo y las cofradías gastronómicas.

Sobre las víctimas, la presidenta fue clara: su sufrimiento no puede caer nunca en el olvido en una sociedad que se quiera llamar justa. El reconocimiento recayó en la Oficina de Lucha contra el Terrorismo de Naciones Unidas en Madrid, representada por su responsable, Ignacio Ibáñez, como símbolo de memoria, fortaleza institucional y compromiso colectivo frente a la barbarie.

Junto a ellas, el protagonismo fue también para 16 cofradías gastronómicas, verdaderos guardianes del producto, la tradición y la cultura culinaria. Buruaga destacó su labor promocionando alimentos y recetas, apoyando a agricultores, ganaderos, pescadores y artesanos, y sosteniendo al sector hostelero desde la base: la identidad y el territorio. Porque hablar de gastronomía es hablar de comunidad, de encuentro y de hospitalidad.

Embajadores del sabor cántabro

“Defendéis nuestra identidad y autenticidad de manera abierta, festiva y acogedora”. Así se dirigió la presidenta a las cofradías, a las que calificó sin rodeos como auténticos embajadores del sabor. Un papel que va mucho más allá de lo culinario: llevar Cantabria a ferias, congresos y encuentros gastronómicos es compartir producto local, sí, pero también fraternidad y forma de vida.

El galardón fue recogido por Fernando Andonegui, presidente de la Confederación de Cofradías de Cantabria, con el deseo expreso de que sirva de impulso para seguir “pregoneando la alegría y la convivencia” que hacen grande a esta tierra. Una Cantabria orgullosa de su mar y su campo, de su cocina y su gente, de su talento y sus raíces.

Cohesión internacional: música, ciencia y dignidad humana

En la modalidad de Cohesión Internacional, los premios miraron más allá de las fronteras. Por un lado, al mundo de la música y la cultura popular con Fher Olvera, vocalista del grupo mexicano Maná, con raíces cántabras. Aunque no pudo asistir personalmente, el premio fue recogido por su representante en España, Lucas Holten. Se valoró especialmente su voluntad de llevar “lejos” un mensaje de hermandad, cooperación y conciencia social, algo que conecta también con el lenguaje universal de la cultura y, por qué no, con esa música que acompaña sobremesas y encuentros.

Por otro, el reconocimiento al doctor Jesús Flórez, creador junto a su esposa de la Fundación Síndrome de Down, puso el foco en la ciencia entendida desde la ética y la humanidad. Para Buruaga, su labor demuestra cómo el conocimiento científico puede ponerse al servicio de la dignidad de las personas con discapacidad, generando inclusión, respeto y oportunidades reales.

Qué representan los Premios Beato de Liébana

Los Premios Beato de Liébana nacen con el objetivo de reconocer a personas e instituciones que destaquen por su contribución al entendimiento, la convivencia y la cooperación internacional, con especial atención al ámbito europeo. Más allá del reconocimiento, simbolizan una forma de entender el progreso basada en valores compartidos.

El galardón consiste en una estatua de bronce, obra de la artista cántabra Mercedes Rodríguez Elvira, que representa unas alas de ángel, muy presentes en la iconografía del Beato. Unas alas que protegen simbólicamente el Monasterio de Santo Toribio y el paisaje montañoso que lo rodea, recordándonos que identidad, cultura y humanidad siempre vuelan juntas.

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