Solana una experiencia que sigue creciendo visita tras visita

Regresar a Solana, en Ampuero, es siempre una ocasión especial. Esta vez, además, coincidía con una celebración familiar, lo que añadía un motivo más para disfrutar de una cocina que se ha consolidado como una de las referencias de Cantabria. La dificultad para reservar —más de un mes de antelación— confirma que no es solo una percepción personal: el restaurante vive un momento de enorme demanda.

Un servicio que acompaña sin imponerse

En esta visita nos atendió Marisol Moreno, quien me reconoció de una experiencia anterior en Pico Velasco. Su cercanía, junto con la coordinación del equipo de sala, contribuyó a que el ritmo del servicio fuera fluido, atento y muy cómodo para el comensal. Un aspecto que en Solana siempre suma.

El recorrido gastronómico plato a plato

Pincho de tortilla: una bienvenida que ya es tradición

La comida comenzó con un pincho de tortilla ofrecido como detalle de la casa. Es una elaboración que ya conocíamos, pero que sigue funcionando como una entrada perfecta. Su textura y su forma de reinterpretar la tortilla española la han convertido en un pequeño emblema del restaurante. Basta observar las mesas alrededor para comprobar que es casi omnipresente.

Gilda: equilibrio y producto

La gilda mantuvo la línea de calidad que caracteriza a Solana. La anchoa, de excelente nivel, aporta intensidad sin eclipsar al resto de ingredientes. El aceite utilizado redondea el conjunto y deja claro que aquí cada elemento se selecciona con criterio.

Alcachofas confitadas: precisión y respeto por el producto

Las alcachofas son una de las elaboraciones que más recordábamos de visitas anteriores. Llegan confitadas con precisión, manteniendo su estructura y un punto de ternura muy agradable. El toque final de plancha y la sal en escamas potencian su sabor sin necesidad de añadir nada más. Es uno de esos platos que invitan a repetir.

Verdinas con langostinos: un guiso construido desde el fondo

El guiso de verdinas con langostinos destaca por su fondo, que aporta un matiz de marisco muy equilibrado. La verdina se presenta entera, suave, sin romperse, lo que demuestra un control cuidadoso de la cocción. La ración es generosa y resulta especialmente reconfortante, ideal para quienes disfrutan de platos tradicionales bien ejecutados.

Bacalao al ajoarriero: un imprescindible de la casa

El bacalao al ajoarriero es uno de mis platos preferidos en Solana. Siempre que está disponible lo pido, y en esta ocasión volvió a estar a la altura. La textura del bacalao, la integración de los ingredientes y el punto de cocción lo sitúan entre los mejores que he probado. Es una elaboración que demuestra el dominio de la cocina tradicional bien afinada.

Cochifrito: una interpretación distinta a la esperada

El último plato fue el cochifrito, donde tuve una confusión al pedir. Mi referencia personal es una preparación con doble cocción: primero confitado y después frito para obtener una piel crujiente. En este caso, la propuesta se acercaba más a un cochinillo asado, con un toque marcado de laurel. Aunque estaba muy bien elaborado, no coincidía con la idea que tenía en mente.

La visita confirma que Solana continúa creciendo y manteniendo un nivel muy alto tanto en cocina como en sala. La dificultad para reservar, la calidad del producto y la coherencia de sus elaboraciones lo sitúan entre los restaurantes más destacados de Cantabria. Una experiencia que invita a volver.

Histórico de visitas a Restaurante Solana

Por El Mule

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