Hemos Comido…en Espinama en Hostal Remoña, unas jornadas a las que no faltamos ningún año.
Unas jornadas que forman parte de la oferta anual gastronómica de Liebana y en las fechas preestablecidas Remoña nos premia con una tradición de raices muy profundas.
Antes de sentarnos a la mesa siempre hay que charlar en torno a la barra, como si se hiciera la recepción en el bar.
Y en el bar se disfruta de unas tapas de lo más generosas mientras saboreas un vermut preparado con productos de cercanía.
En la foto superior se ve el macerado de orujo que acompaña al vermut, el toque secreto.
Una vez completada la tradición de la barra y tras un par de frescos vermuts preparados, pasamos al comedor, que como es habitual estaba lleno de gente disfrutando de uno de los mejores cocidos lebaniegos que hay, o de las jornadas de la matanza a las que veníamos.
Comimos con un vino blanco de alrededores, Alba de Picos de la bodega Picos de Cabariezo. Vino blanco elaborado con la variedad de uva Gewurztraminer y Sauvignon Blanc. Es un blanco de color amarillo verdoso con tonos dorados brillantes, aromático de explosiva expresión floral, resulta afrutado y envolvente en boca, persistente. Nos gustó a todos los comensales, que por cierto éramos cinco.
Comenzamos picando un poco de queso de cabra con mermelda de tomate, queso de la quesería cercana a escasos quinientos metros de los hermanos Briz, quesería Pido. El resultado, un lujo.
Seguimos con las elaboraciones de cercanía, pan artesano de masa madre, también de una panaderia de alrededores.
Borono con manzana. Con el trozo de manteca en el centro como siempre ha sido, delicioso y algo no usual.
Morcilla de la casa. El tipo de morcilla que me gusta, la sangre es la protagonista y sin excesos de especias.
Sin embargo los callos de cerdo es algo que no me termina de convencer, demasiado fuertes de sabor para mi gusto, saben demasiado bravos. Le acompañaba algo de pata y oreja, eso sí que es de mi gusto.
Otro plato de matanza, las jijas. Uno de los que más me gusta, sobretodo estas jijas, con poca grasa, bien escurridas y con un rico pimentón.
Los chumarrus. Están que se salen, con un adobo de ajo muy sabroso, puedes comer de ellos como si no hubiera un mañana. Venían acompañados de una buenas patatas fritas.
Y llegamos al postre. Yo soy incapaz de no tomar la tarta de queso, también de la quesería de Pido, una tarta horneada como no conozco otra.
Para terminar con un postre tradicional de Liébana que se elaboraba tras la matanza, los merdosos. Se hacen unas tortitas muy delgadas, principalmente, con sangre de cerdo y harina, para lo cual se cuece bastante cebolla picada y perejil, hasta que la primera esté pochada. Ya en la mesa se sirven con azúcar que se espolvorea a gusto del comensal o si se prefiere con miel.
Mucho más no puedo contaros, la sobremesa se extendió hasta bastante entrada la tarde, como debe ser un evento social, como ha sido durante siglos la matanza