Hay pecados que claman al cielo, y luego está lo de mi amigo Alberto: no conocía Cofiño. Sí, como lo oyen. Veníamos de darnos un homenaje en la Coteruca y, claro, entrar en este templo de Cantabria era el paso lógico para cualquier civilizado. Ver a alguien pisar Cofiño por primera vez es casi un rito de iniciación; por suerte, allí estaba yo para ejercer de padrino y evitarle la excomunión gastronómica.

Como veníamos «bien despachados», buscábamos un digestivo que estuviera a la altura del despliegue. Rubén, que de esto sabe un rato largo y tiene el radar fino, cazó la jugada al vuelo. Nos plantó delante un Don PX de Toro Albalá (Cosecha 2021). Una golosina líquida, un postre en sí mismo que te reconcilia con el mundo.
El néctar de los dioses (y de la prensa vertical)

Para los que se pierden con las etiquetas: los Don PX son la joya de la corona de la bodega cordobesa Toro Albalá. Este 2021 es el benjamín de la familia, el más joven y rebelde. No busquen aquí barricas ni crianzas eternas; esto es puro néctar, la miel que llora la prensa vertical tras el asoleo de la uva Pedro Ximénez.
Tiene un color ámbar que te entra por los ojos y un aroma que te transporta: pasas, higos y esa miel que te avisa de que te vas a dar un gusto. Lo mejor es que, pese a ser un vino dulce «de manual», tiene un punto de frescura que hace que no se te peguen los labios. Una delicia de las que crean afición.
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La historia de Toro Albalá tiene su aquel. Todo empezó con José María Toro Albalá, un agricultor con más visión que un lince que decidió que eso de guardar vinos viejos no era una pérdida de tiempo, sino una inversión en felicidad. En los años 60, su sobrino Antonio Sánchez tomó el relevo y le dio el empujón definitivo.
Dato curioso para la sobremesa: ¿Sabían que la bodega se asienta sobre lo que fue una antigua central eléctrica? Por eso sus finos se llaman Eléctrico. Una metáfora perfecta: de ahí salía luz y ahora sale energía de la buena para el espíritu.
Antonio no solo es un enólogo de raza, es un erudito que mezcla el vino con la literatura y la pintura. Su filosofía es la de rescatar tesoros olvidados en las botas (barricas) de la bodega. Y vaya si los rescató.
El Olimpo de los 100 puntos Parker
En este mundo del vino, la paciencia no es una virtud, es una obligación. El ejemplo máximo es su gama Convento Selección. Si el 2021 que nos tomamos es la juventud vibrante, el Don PX Convento Selección 1946 es la sabiduría absoluta.
Ese vino hizo historia: fue el primer vino dulce en alcanzar los 100 puntos Parker (la máxima nota de la influyente revista The Wine Advocate). Un hito que puso a la Denominación de Origen Montilla-Moriles en el mapa mundial y demostró que, a veces, saber esperar tiene una recompensa de platino.
En definitiva, si pasan por Cofiño, dejen que Rubén les oriente. Porque entre historia, risas y un buen PX, la vida se ve de otro color. Incluso Alberto salió de allí sabiendo que lo suyo, hasta ese día, no tenía perdón de Dios.
