Hay lugares a los que uno vuelve tantas veces que acaba formando parte de su propia liturgia gastronómica. El Gastrobar Siete Villas, en Santoña, es uno de esos sitios. Hemos comido allí en infinidad de ocasiones, se trata de uno de los gastrobares más reconocibles y premiados de la localidad, regentado por Sebas, argentino de nacimiento y santoñés de adopción… o quizá ya a la inversa.

El Siete Villas puede presumir —con razón— de haber acumulado prácticamente todos los premios posibles en los concursos locales de pinchos. Y no es casualidad. Aquí la cocina no se detiene ni un instante: desde que se levanta la persiana, los fogones trabajan sin descanso elaborando pinchos y raciones que van desfilando por la barra casi a ritmo de cronista gastronómico.
Comer a base de pinchos: un menú a medida del comensal

Uno de los grandes atractivos del Siete Villas es esa forma tan personal de entender la comida: sentarse a la mesa y pedir pinchos conforme van saliendo de cocina. No hay prisa, no hay un orden establecido ni un menú cerrado. Se trata más bien de construir una comida “larga y estrecha”, hecha a medida, bocado a bocado, dejando que la curiosidad y el apetito marquen el ritmo.
Entre los imprescindibles destacan sus empanadas argentinas, elaboradas de forma artesanal en el propio local. Son ya casi una seña de identidad de la casa y se sirven acompañadas de un chimichurri casero, intenso pero equilibrado, que redondea el conjunto y delata sin complejos el origen de Sebas.
Bacalao, pulpo… y caer en la tentación


Cada vez que paso por Santoña hay un ritual que se cumple sin excepción: mi pincho en el Siete Villas cae siempre. En esta ocasión, cayeron dos. Un pincho de bacalao con piperada, jugoso y bien ligado, y otro de pulpo, tierno y sabroso.
Los otros dos compañeros que me acompañaban llegaron con la intención de tomar un simple aperitivo. No conocían el lugar, pero tardaron poco en darse cuenta de que la elección era más que acertada. Lo que iba a ser “una parada rápida” se convirtió en una sobremesa improvisada, asentados cómodamente mientras iban desfilando distintos pinchos: empanadas, uno de queso, otro de foie, y alguno más que se me escapa de la memoria… en parte porque estaba entretenido charlando con Sebas, que siempre tiene una historia o una anécdota que contar mientras la cocina no descansa.
Un punto de encuentro en plena temporada de anchoa
En estas fechas, por el Siete Villas pasa toda la feria de la anchoa: locales, habituales y muchos foráneos que descubren el sitio casi de casualidad y ya no lo olvidan. Es uno de esos bares donde se mezclan vecinos, visitantes y paladares curiosos, todos atraídos por una propuesta honesta, bien ejecutada y con personalidad.
Su éxito está en la constancia, en el producto, en la barra viva y en una cocina que no se detiene. Un lugar al que siempre apetece volver… y del que, por fin, queda constancia escrita en este blog.
Por El Mule
- 📍 Ubicado en: C. Aro, 10, 39740 Santoña, Cantabria
- 📱 Instagram: Siete Villas Gastro Bar
