Hemos Comido… en Pedreña, en el Asador Restaurante Nuevo Ezquerra, donde los mules nos reunimos para cumplir con uno de esos ritos veraniegos que conviene no perder: una sardinada entre amigos. El local vive una nueva etapa tras el relevo en la dirección, y allí fuimos a sentarnos alrededor de una mesa con memoria de costa, brasas y sobremesa.

La previa: Elechas, barra y apetito

Antes de llegar a la mesa del Ezquerra, el día ya venía lanzado. Pasamos por Elechas para picotear y abrir boca en La Madrileña y La Casa Colorada, dos paradas que pusieron el apetito en ruta. Después, ya en Pedreña, continuamos en la barra con un tinto de verano y alguna cerveza, cogiendo temperatura antes de sentarnos.

Hay comidas que empiezan antes del primer plato. Esta fue una de ellas: charla de cuadrilla, recuerdos de sardinadas en la playa y esa forma tan nuestra de ir haciendo hambre sin prisa.

Maganos con alioli y cebolla pochada

El arranque en mesa llegó con unos maganos de buena factura, acompañados de un alioli ligero y cebolla pochada. El alioli no tapaba, acompañaba; la cebolla aportaba dulzor y una textura amable, y el conjunto funcionó como entrante marinero, directo y apetecible.

Fue una manera acertada de abrir la comida: buen producto, punto cuidado y una compañía que no buscaba imponerse al magano, sino darle un poco de empaque, dulzor y recorrido en boca.

Sardinas, tomate y memoria de costa

El centro de la mesa lo ocuparon varias raciones de sardinas, acompañadas de tomate de Cantabria. El tomate estuvo muy bien y la sardina llegó con buen tamaño y en su punto, de esas que se comen con gusto. Las disfrutamos de lo lindo, como corresponde cuando la mesa acompaña y el producto responde.

Esa sardinada trajo a la conversación otras muchas: las de Langre, Somo, Liencres, Cucabrera, Antuerta, los asadores de Cueto o La Maruca, y también las de Comillas o San Vicente. Lugares de costa donde la sardina, cuando está en su momento, pide poco más que fuego, sal, tomate cerca y buena gente alrededor.

Bonito con bilbaína y cierre de sobremesa

Después de dar buena cuenta de las sardinas llegó el bonito, servido en buena ración. Para mi gusto estaba demasiado hecho, aunque sin llegar a pasarse. Venía acompañado de una bilbaína, preparación que personalmente no me convence demasiado a la hora de comer pescado, aunque en la mesa tuvo buena aceptación entre la mayoría.

La comida estuvo acompañada por Cava Juvé & Camps y Godello Mara, dos vinos que llevaron bien el paso entre los platos y ayudaron a mantener la sobremesa en buen tono. Para rematar, escoceses e irlandeses muy bien elaborados, detalle final de barra seria y cierre amable.

El Nuevo Ezquerra nos dejó una comida de verano con acento cántabro: maganos, sardinas, tomate, bonito y mesa de amigos. No todo salió redondo, y ahí está también la gracia de contarlo como fue; pero cuando las sardinas están en su punto y la cuadrilla responde, Pedreña vuelve a hacer de Pedreña.

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