El Hostel & Co. cocina tradicional con producto cuidado y guisos de cuchara

Hemos Comido… en el Hostel & Co. cocina tradicional con producto cuidado y guisos de cuchara.

Volvimos al Hostel con la sensación de tenerlo demasiado apartado de la rutina habitual. La visita, además, tenía un aliciente añadido: las constantes novedades que Javi incorpora a una propuesta que se apoya en la cocina tradicional y en el respeto por el producto.

En esta ocasión, el protagonismo recayó en un guiso de cuchara elaborado con judiones del Barco de Ávila, una variedad de alubia de gran tamaño reconocida por su textura suave y su capacidad para absorber sabores sin perder estructura. La preparación se planteaba al estilo de una fabada, lo que implica una cocción lenta y controlada, permitiendo que todos los ingredientes se integren de forma progresiva.

El resultado fue una legumbre en su punto óptimo: la piel presentaba una textura fina, sin durezas, mientras que el interior resultaba cremoso sin llegar a deshacerse, evitando esa sensación harinosa que a menudo penaliza este tipo de elaboraciones. El caldo, elaborado sobre una base vegetal, actuaba como elemento de unión, aportando equilibrio y profundidad al conjunto.

El acompañamiento cárnico seguía la línea del compango tradicional asturiano, con chorizo, morcilla de año, tocino y lacón, piezas que, durante la cocción, liberan grasa, colágeno y matices ahumados, enriqueciendo el conjunto del guiso. La ración, como es habitual en la casa, resultó generosa, pensada para satisfacer sin limitaciones.

Antes de llegar al plato principal, se sirvieron varios entrantes representativos de la identidad del establecimiento. Destacó especialmente el tomate rosa, trabajado desde el respeto al producto y al punto de maduración. El aliño, ajustado y preciso, potenciaba el dulzor natural del fruto y su textura carnosa, generando un plato equilibrado en acidez y frescura. Es el tipo de preparación que invita a aprovechar hasta el último jugo.

El recorrido continuó con una cecina de cebón, habitual en la carta, que vuelve a destacar por su curación adecuada y su intensidad equilibrada. El corte, fino y regular, facilita apreciar los matices de la carne y su ligero toque ahumado. Como acompañamiento, el pan de La Crujiente, con buena corteza y miga consistente, cumple una función fundamental en la experiencia, especialmente en platos con salsas o jugos.

En el apartado de bebidas, la comida comenzó con un cava(de cuyo nombre no logro acordarme), adecuado para limpiar el paladar en los primeros compases, para continuar con Lusia, un vino tinto de Liébana bien conocido por los aficionados locales, que acompañó perfectamente al guiso principal.

En conjunto, el Hostel mantiene una línea clara basada en tres pilares: producto de calidad, elaboraciones notorias y raciones amplias, a lo que se suma un RCP coherente con la oferta. Un tipo de cocina que no pierde vigencia y que sigue encontrando su público entre quienes valoran el recetario tradicional bien elaborado.

Por El Mule

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