Hemos Comido… en Vestia Napoletana un italiano que llena a diario la terraza.

Vestia es uno de los restaurantes italianos que más comentarios está generando en Santander. Muchos clientes destacan sus pizzas, elaboradas con masas de larga fermentación y combinaciones menos habituales, pero en esta visita opté por explorar otras partes de la carta, que se organiza en antipasti, pasta, menú, pizza y dolce.

El Menú Especial Vestia, disponible únicamente a mediodía, ofrece pasta o pizza con bebida y postre, una fórmula interesante para quienes buscan una comida completa sin complicaciones.

Antipasto: Carpaccio Camorista

El Carpaccio Camorista parte de una base de picaña madurada, un corte que, tras un periodo de reposo controlado, desarrolla mayor ternura y un sabor más profundo. La carne se lamina muy fina, como requiere un carpaccio bien ejecutado, y se acompaña de queso trufado italiano, rúcula, mostaza, lima y una salsa kinchi que aporta un matiz ligeramente picante y fermentado.

El queso llega aireado, con una textura casi esponjosa que se funde con el calor de la carne y libera un aroma intenso a trufa. La combinación de acidez (lima), amargor vegetal (rúcula) y el toque fermentado del kinchi equilibra la grasa de la picaña. Es un plato fresco, amplio en matices y adecuado para días cálidos.

Pasta: Bolognesa della Famiglia

Como principal, elegí la Bolognesa della Famiglia, elaborada con rigatoni —un tipo de pasta corta con estrías que retiene muy bien las salsas densas— y un ragú clásico de carne y tomate. El ragú se cocina lentamente, permitiendo que la carne se deshaga y que el tomate reduzca hasta obtener una textura concentrada. Un detalle importante es que no añaden azúcar, lo que permite mantener la acidez natural del tomate, característica habitual de las salsas italianas tradicionales.

El plato se finaliza con pecorino, un queso de oveja curado que aporta salinidad y un aroma marcado. El punto de cocción de la pasta está bien medido, manteniendo la firmeza necesaria para que el rigatoni no pierda estructura al mezclarse con la salsa.

Este plato me evocó recuerdos de Sandro, un amigo italiano de mi padre que pasaba los veranos con nosotros y preparaba salsas y pastas caseras con una dedicación que se te quedaba grabada. Esa mezcla de tomate reducido, carne melosa y pasta bien cocida tiene algo que conecta con la memoria gustativa.

La comida en Vestia fue satisfactoria y deja ganas de volver. En una próxima visita probaré alguna de sus pizzas, que parecen ser uno de los puntos fuertes del restaurante, y otras pastas que ya sobre el papel resultaban atractivas y complicaron la elección inicial.

Por El Mule

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