Cena maridaje Bodega Picos de Cabariezo en La Capitana: un viaje sensorial por Liébana
Hay cenas que alimentan, y otras que te cuentan una historia. La que vivimos en La Capitana, guiada por los vinos y espirituosos de Bodega y Destilería Picos de Cabariezo, pertenece a la segunda categoría: un recorrido por la tierra cántabra, sus viñedos de altura, su tradición destilera y ese carácter atlántico que imprime una identidad única a cada copa.

La propuesta se estructuró en cuatro pases y un cierre espirituoso que puso el broche final. Cada plato dialogó con un vino diferente, creando un maridaje coherente, sugerente y lleno de matices.
Cilindro de foie con pistachos, tomate dulce y pétalos
Maridaje: Alba Blanco – Sauvignon Blanc & Gewürztraminer
El primer bocado ya marcó el tono de la noche. El foie en cilindro, delicado y untuoso, encontraba contraste en el pistacho y un contrapunto goloso en el tomate dulce. El maridaje con Alba Blanco fue un acierto rotundo: un vino de color amarillo verdoso con destellos dorados que, desde el primer instante, despliega una explosión floral y recuerdos de pan tostado, flores de prado y hierbas finas.
En boca resulta envolvente, afrutado y persistente, con notas exóticas y una entrada levemente dulce que acompaña sin enmascarar. La combinación potencia tanto la untuosidad del foie como la frescura del plato.
Canelones de calabacín con brandada de bacalao y su pil pil
Maridaje: Finca Morillas Tinto – Mencía & Syrah
El segundo pase jugaba con un clasicismo renovado: la brandada de bacalao envuelta en calabacín y regada con un pil pil perfectamente ligado. Para acompañarlo, un tinto sorprendente: Finca Morillas, elaborado a partir de viñas viejas de montaña, con una pequeña parte de Syrah y una crianza aproximada de 12 meses en roble francés.
De color cereza granate con borde violáceo, Nariz de café con leche, confitados y piel de melocotón, este vino mantiene un carácter atlántico donde la fruta es protagonista. En boca muestra frescura, toques de vainilla y un final largo y dulce, capaz de sostener la intensidad del bacalao sin perder elegancia.
Caprichos de ibérico, peras salteadas y cantarelus
Maridaje: El Misterio – Mencía de viñas centenarias
Tercer acto: un plato más terrenal, jugoso y profundo. Los caprichos de ibérico se enriquecían con el dulzor natural de las peras salteadas y el carácter silvestre de los cantarelus.
Aquí surgió la magia con El Misterio, una colección limitada que cambia su diseño cada año, siempre inspirada en Cantabria. Procede de viñas centenarias en parcelas altas, fermentado con parte del raspón y criado 12 meses en barricas seleccionadas.
Su color cereza granate con ribete violáceo anticipa un tinto envolvente, elegante, ligeramente graso, con notas de mermelada de ciruela y taninos maduros. Un vino de terroir puro que abraza el plato y potencia cada matiz.
Canutillos de hojaldre, crema de vainilla y sorbete de cereza
Maridaje: Hielu de Picos – Blanco dulce de vendimia tardía
El postre llegó con un juego de texturas: el crujiente hojaldre, la suavidad de la crema y la acidez refrescante del sorbete. El acompañante no podía ser otro que Hielu de Picos, un dulce elaborado con Sauvignon Blanc y Gewürztraminer.
Color amarillo dorado brillante, aromas amoscatelados, florales y de frutas cítricas como naranja, lima y melón, culminan en una boca equilibrada, donde la dulzura se compensa con una acidez vibrante. Un final fresco y armónico para cerrar una cena redonda.
El epílogo perfecto: espirituosos de altura
La velada culminó con dos joyas de la destilería, elaboradas en las tradicionales alquitaras lebaniegas, un símbolo del patrimonio gastronómico de la comarca.
Brandy Picos de Cabariezo
Un brandy de color caoba oscuro, brillante, con ribetes rojizos. Aromáticamente complejo: frutos secos, cacao tostado, regaliz, vainilla y esas notas metálicas tan características de la alquitara.
En boca es aterciopelado, amplio y persistente, con ecos dulces de uvas pasas. Ligeramente abocado, elegante, de esos que invitan a la conversación.
Whisky As de Picos – Single Malt
Una rareza cantábrica: un single malt elaborado íntegramente en la micro-destilería, con cebada malteada propia y destilación gota a gota en alquitara. Envejecido en barricas de Jerez, pertenece a la línea limitada As de Picos.
De tonalidad caoba media, las lágrimas doradas ya anticipan su carácter. En nariz ofrece cebada malteada, clavo, vainilla, pan, caramelo y café tostado, pura armonía. En boca es equilibrado, cremoso y persistente, con recuerdos de cereal, flor de azahar y toffee. Un destilado que revela la identidad de un territorio.
La cena maridaje en La Capitana no fue solo un homenaje al producto, sino una reivindicación de la personalidad de Liébana, de su microclima, sus viñas de altura y su tradición destilera. Una experiencia que demuestra que Cantabria tiene mucho que decir –y mucho que degustar– en el panorama enológico actual.
Por Alfonso Fraile
Histórico de visitas a La Capitana
Ubicado en: C. Castelar, 5, 39005 Santander, Cantabria
Teléfono: +34 942 22 39 75
Instagram: @lacapitanapuertochico
