Hemos Comido en El Cateto, en Málaga, un local situado en Ciudad Jardín, lejos del centro pero con el comedor lleno cada día. Bajo la apariencia de taberna de barrio se esconde una materia prima que se exhibe sin pudor en las vitrinas de la marisquería, justo a la entrada. La relación calidad-precio es conocida entre los vecinos, y basta una visita para entender por qué.

Una casa con historia y constancia diaria

José y Nieves, la pareja que abrió el local hace 35 años, siguen presentes en cada servicio. Ella, lesionada y sin poder cocinar, continúa recorriendo las mesas para preguntar por las elaboraciones. Él mantiene el pulso del negocio junto a su hijo, que cada mañana selecciona el mejor producto, casi siempre en la lonja de La Caleta de Vélez. Hoy fue José “hijo” quien me atendió, y dejé que eligiera lo que considerara oportuno, salvo el guiso del día, que Nieves me recomendó con firmeza.

La cocina es andaluza de siempre, directa, sin trucos, y convive con una oferta de marisco que es la verdadera seña del local. En El Cateto nunca faltan bolos, cañaíllas, coquinas y conchas finas de la zona.

Marisco cocido con precisión milimetrica y un guiso que reconforta

Comencé con esquilas de Motril, y aquí aparece uno de los puntos fuertes del local: la cocción. No es que roce la perfección, es que la alcanza. Nieves me explicó después que la cocinera lleva dos décadas con ellos y domina el tiempo y el fuego como pocas.

El guiso del día eran garbanzos con habichuelas, plato de cuchara que agradece cualquiera entre tanto marisco. Recomendación acertada, sabrosa y contundente.

Las conchas finas, con sal y pimienta, aportaron su textura característica. No tienen la intensidad de unas almejas de carril ni la profundidad de unas ostras, pero mantienen su atractivo y funcionan bien como pausa entre elaboraciones más marcadas.

Langostinos, gambas y un final sorprendente

Los langostinos cocidos destacaron por su frescura y por un punto de cocción impecable. De los mejores que recuerdo. Las gambas de Huelva a la plancha siguieron la misma línea, con sabor limpio y textura firme. El cierre llegó con unos chopitos a la plancha, que en realidad eran jibia pequeña. Una elaboración sorprendente, deliciosa, que demuestra que en esta cocina se respeta el producto y se trabaja con precisión.

Para beber, opté por tinto de verano, con abundante hielo y casera, perfecto para un día que no invitaba al alcohol.

El Cateto es un lugar recomendable por atención, precio y calidad. Una taberna que, pese a su apariencia sencilla, ofrece marisco fresco, cocina tradicional y un trato cercano que se mantiene desde hace 35 años. Un sitio que demuestra que la constancia y el buen producto siguen siendo la mejor carta de presentación.

Por El Mule

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