La Vinoteca tradición bien ejecutada y producto tratado con respeto

Hemos Comido…en La Vinoteca, uno de los restaurantes más constantes de Santander, donde la sala está dirigida por Koldo Iriarte, profesional experimentado que conoce al detalle los gustos del comensal y sabe orientar sin imponerse.

El menú comenzó con unas gambas a la sal, que en esta ocasión fueron gambones de calibre generoso. La cocción a la sal —una técnica que concentra aromas y preserva la humedad— se resolvió con precisión. Textura gelatinosa y jugosa, sin perder firmeza, Punto salino equilibrado, que realza el dulzor natural del marisco. Limpieza de sabores, sin interferencias.

A continuación llegó un revuelto de bacalao, elaborado con pimiento verde y rojo pochados lentamente para obtener una base melosa. Las lascas de bacalao, añadidas en el momento justo, conservaban su estructura y aportaban un contraste muy agradable. Es un plato que exige controlar tiempos y temperatura para evitar que el huevo se reseque o que el bacalao pierda jugosidad, y aquí se ejecuta con solvencia.

Platos principales: recetas tradicionales bien cuidadas

El rape alangostado, cada vez menos habitual en las cartas actuales, mantiene en La Vinoteca su esencia clásica. El tratamiento del pescado —marcado y posteriormente cocinado a baja temperatura— permite obtener una textura firme y un color característico. Es un plato que remite a elaboraciones de hace décadas y que aquí conserva su atractivo.

Por mi parte, opté por un cachón al wok, una versión ligera del tradicional guiso sin tinta. La técnica del wok aporta rapidez y mantiene la textura de los vegetales, Pimiento rojo y verde con un punto crujiente. Cebolla que aporta dulzor. Cachón firme en la primera mordida, pero con una evolución muy agradable en boca.

El resultado es un plato donde el producto marino se integra con los vegetales sin perder protagonismo.

Maridaje y postre

El servicio del vino estuvo a la altura. Probamos un AT Roca Vinyes Velles, un espumoso que Koldo presentó con detalle y que resultó un acierto por su frescura y versatilidad.

El postre, ravioli de piña y tigretón, combina fruta fresca con un guiño nostálgico. Ligero, equilibrado y perfecto para cerrar la comida.

La Vinoteca demuestra una vez más que la cocina tradicional, cuando se ejecuta con rigor y respeto al producto, sigue siendo plenamente vigente. Es un restaurante que mantiene una línea constante y que ofrece una experiencia sólida tanto para habituales como para quienes lo visitan por primera vez.

Por El Mule

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