En el trayecto hacia Ávila hicimos una parada en La Cueva, un establecimiento conocido por su cocina basada en producto de proximidad y elaboraciones tradicionales. A la ida probamos su ya habitual bocadillo de revuelto, un desayuno contundente que se ha convertido en una de las señas del local entre quienes viajan por la zona.

A la vuelta, decidimos detenernos para una comida completa y comprobar cómo trabajan los platos más representativos de su carta.
Crema de boletus: técnica y equilibrio

El aperitivo fue una crema de boletus elaborada con una base de sofrito suave y una cocción lenta del hongo para concentrar su aroma. El boletus, al triturarse con parte del caldo de cocción, adquiere una textura sedosa que permite que el sabor se mantenga nítido. La guarnición de verduras, con la zanahoria como elemento principal, aporta dulzor natural y un contraste vegetal que funciona muy bien.
Pisto de la huerta palentina: producto estacional

El pisto elegido por mi acompañante es un ejemplo de cocina ligada al territorio. La huerta palentina ofrece verduras con buena concentración de sabor, y aquí se nota: tomate bien reducido, pimiento carnoso y un punto de cocción que respeta la textura sin dejarlo aguado. Es un plato sencillo en apariencia, pero exige controlar la evaporación y el equilibrio entre acidez y dulzor.
Croquetas y morcilla palentina: dos imprescindibles de la casa

Opté por dos clásicos del lugar:
- Croquetas de jamón: masa muy fluida, señal de una bechamel trabajada con paciencia, cocida el tiempo suficiente para que la harina pierda cualquier rastro de crudeza. El jamón aporta intensidad sin saturar y el rebozado es fino, lo que permite un contraste agradable entre exterior crujiente e interior cremoso.

- Morcilla palentina de arroz: elaborada con una mezcla equilibrada de sangre, arroz y cebolla. Destaca el toque de pimentón, presente pero sin dominar. La fritura está bien ejecutada: corteza crujiente y centro jugoso, algo que no siempre se consigue con este tipo de embutido.

Albóndigas y carrilleras: guisos que requieren tiempo
Como plato principal elegí albóndigas, preparadas con un buen punto de jugosidad. La salsa, reducida lentamente, concentra los jugos del sofrito y del propio guiso, lo que da como resultado un plato reconfortante.

Mi acompañante pidió carrilleras de vacuno, uno de los platos más valorados del restaurante. La clave está en la cocción prolongada, que permite que el colágeno se transforme en gelatina y la carne se desprenda con facilidad. La salsa, intensa y bien ligada, se sirve sobre un parmentier con un punto generoso de mantequilla que aporta untuosidad y suavidad.

La Cueva ofrece una cocina basada en producto cercano, elaboraciones tradicionales y una ejecución constante. Es un lugar recomendable tanto para una parada rápida como para una comida completa en ruta.

Por El Mule
- 📍 Ubicado en: Conde de Vallellano, 6, 34480 Alar del Rey, Palencia, España
- ☎️ +34 979 13 30 66
- 📱 Instagram: @lacueva_alardelrey
