La hamburguesa estilo años 80 en España, caracterizada por su sencillez, pan tierno, carne fina, lechuga iceberg, tomate y mucha salsa (a menudo mayonesa o alioli), no desapareció, sino que evolucionó y ha sido reivindicada recientemente.

Reivindicación como «Old School», La hamburguesa «Old School 1980» de Argentinos Burger en A Estrada (Galicia) fue nombrada Mejor Hamburguesa de España 2024. Este premio puso en valor la receta clásica de los 80, demostrando que la nostalgia y la sencillez de calidad siguen vigentes.

La comida rápida llegó a la España de los 80 cargada de simbolismo: no era solo una hamburguesa, era la promesa de modernidad.

Influencia del Fast Food de los 80: Aquella hamburguesa surgió con la llegada de las grandes cadenas en los 80 (McDonald’s abrió en 1981 en Madrid), lo que normalizó este plato en la cultura española tras décadas de aislamiento.

 A diferencia de las cadenas americanas, las hamburgueserías locales de los 80 crearon un estilo propio, a menudo integrado en el menú de los bares de barrio, que hoy en día sobrevive en muchos locales de tradición en Madrid (como Don Oso, abierto desde 1973).

En resumen, la hamburguesa de los 80 pasó de ser una novedad «exótica» de comida rápida a un clásico reconfortante que hoy vive un resurgimiento bajo la etiqueta gourmet.

La hamburguesa clásica está en peligro de extinción, la decadencia de la hamburguesa, quizás, comenzó por el pan, con el pan de las hamburguesas nos hemos atrevido a todo

Hace veinte años las hamburguesas eran jugosas, se pedía el punto de cocción y uno de sus principales valores diferenciales era el gramaje: desde los 180 hasta más de 300 gramos. Pedir mayonesa o mostaza era una osadía que pocos nos atrevíamos a cometer, y que tu hamburguesa llevase un huevo a la plancha era ya una muestra de vanguardia. El pan, el de siempre: bollo clásico con sésamo y la estructura justa para equilibrar la grasa de la carne. Hoy, encontrar esa delicia es más complicado y quizás habría que empezar a considerar incluirla en un catálogo de comidas en peligro de extinción.

Y sí, comía hamburguesas en caso o los llamados filetes rusos: carne jugosa, con su punto de grasa, un poco de pan rallado para hacerla más hermosa y más jugosa, y que no faltase mucho ajo y cebolla pochada sin excesos.

Descubrí las hamburguesas de Don Oso, una noche de juerga con mis parientes madrileños intentando empapar para llegar a casa más o menos decente.

Don Oso, Sus hamburguesas cumplían con dos parámetros, eran baratas y mataban el hambre rápidamente para seguir de fiesta. Es tan clásico que el primer local, es de 1.973, unos tiempos en que las burguers apenas se conocían.

Muchas de esas hamburguesas patrias, se soportaban en un pan de barra, hamburguesas o filetes rusos y en ocasiones bocadillos de albóndigas bien bañados en salsa.

Otro paso hacia el abismo fue la aparición de la hamburguesa travestida dulce-salada que a primera vista parece una hamburguesa, pero en realidad acumulando ingredientes de cualquier procedencia, tarta de queso, Pantera Rosa, Oreo, galletas Lotus, Doritos… Combinaciones que, salvo por la fiebre del selfie pringoso carecen de rigor.

Y lo que ha puesto en peligro el ecosistema de forma definitiva es la smash burger. Nacida hace unas décadas en Estados Unidos uy como todo motivo de ese origen lleva una parte de moda y otra más grande de teatro. Aquí da igual si dices que es de wagyu, de tudanca, de monchina o de rubia gallega; lo que importa aquí no es la carne, sino el tueste extremo que parezca un buen cartón al que después hay que disfrazar con diferentes añadidos o topins. Y el colmo de los colmos, cada uno de estas bolitas de carne aplastada pesan entre 70 y 90 gramos, pero se pagan como si fueran hamburguesas tradicionales.

Por El Mule

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