Si hay un templo carnívoro con denominación de origen castellano, ese es El Alfoz de Villagonzalo de Pedernales (Burgos). Un asador de carretera que ha elevado la parrilla a categoría de culto, gracias al buen hacer de Vanesa Martín Narganes, su cocinera y flamante Mejor Parrillera de España en el XV Concurso Nacional de Parrilla. Vamos, que la señora sabe lo que hace con el fuego.

El Alfoz de Burgos

Brasa El Alfoz de Burgos

horno asados El Alfoz de Burgos

Madurando carnes

Comedor El Alfoz de Burgos

Carnes

Pero ojo, que aquí no todo es chisporroteo y brasas ardientes. La carta es una oda a la gastronomía castellana más pura y dura, donde los guisos y los productos autóctonos son los reyes del mambo. Y lo peor (o lo mejor) es que elegir se convierte en un ejercicio de tortura: lentejas con morcilla, mollejas, morcilla a la brasa, chorizo a la brasa, huevos fritos con lo que quieras (morcilla, chorizo, matanza), callos con patitas de lechazo, cangrejos de río y, por supuesto, el lechazo. Vamos, un menú para débiles no es.

Yo venía con las ideas claras: callos con patitas de lechazo. Pero entonces me topé con una joya olvidada de mi memoria gustativa: cangrejos de río. Así que tiré de nostalgia y ya tenía menú decidido.

Cangrejos de rio El Alfoz de Burgos

Cangrejos de Rio El Alfoz de Burgos

Cangrejos de rio El Alfoz de Burgos

Primero, los cangrejos de río. Servidos en una cocotte de Le Creuset, que no es que los haga más ricos, pero oye, el glamour está en los detalles. La salsa, digna de hipotecar un apartamento en primera línea de playa. Solo le faltaba un puntito de picante para rozar la perfección, pero aún así, me remangué y ataqué sin piedad.

Aquí va un dato random pero interesante: los famosos «cangrejos autóctonos» en realidad son más italianos que una Vespa. Fue Felipe II quien, con sus caprichos, trajo a España los Austropotamobius italicus allá por el siglo XVI. Un detallito para soltar en la próxima sobremesa y quedar como un entendido.

Callos con manos de Lechazo El Alfoz de Burgos

Callos con manos de Lechazo El Alfoz de Burgos

De segundo, los callos con manos de lechazo. Tiernos, pequeñitos, pegajosos como deben ser, y con unas manitas que se deshacían en la salsa. Ración generosa y acompañada de una buena tanda de pan, porque aquí lo de untar no es una opción, es una obligación moral. Spoiler: repetiré en mi próxima visita.

Factura el Alfoz de Burgos

¿Recomendar El Alfoz? No, amigo, esto no es cuestión de recomendación, es peregrinación obligatoria. No probé la parrilla, así que no puedo opinar sobre las brasas, pero lo que desfiló ante mis ojos tenía una pinta escandalosa. Me centré en la cocina tradicional castellana y, sinceramente, fue como volver a casa, pero con un chef que cocina como poco a la par de tu abuela.

Por El Mule

Restaurante El Alfoz de Burgos

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