Hoy nos hemos acercado hasta Espinama, al Hostal Remoña, para charlar un rato con Aurita Rábago Alonso.
La mayor de cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres; con lo que tenía claro que era ella la que tenía que cocinar para la familia.
El paso a una cocina más grande y de forma profesional, fue una consecuencia lógica y a una edad muy temprana, Pero todavía se acuerda y cocina esas recetas tradicionales de Liébana.
Una de ellas es la CHANFAINA, un plato contundente que se hacía especialmente en los días de romería, cuando había algo que celebrar, como por San Esteban que, en Espinama es el 26 de diciembre
Aquellas romerías amenizadas por pito, tambor, pandereta y, en ocasiones especiales, se pagaba a alguien que tocaba la gaita.
Aurita nos hace una Chanfaina en un santiamén. No ha perdido ni un ápice de su nervio y de su charla que, de forma amena desgrana como un ingrediente más de esta receta.
Tradicionalmente Espinama vivía de lo que tenía en casa; pocas vacas, alguna cabra, ovejas y uno o dos cerdos dependiendo de cuántos eran en casa.
Para la Chanfaina necesitamos la corá o pulmón de los lechazos. Este ingrediente se trocea y se pasa por la máquina de hacer chorizos, véase una picadora a manivela, que había en todas las casas del pueblo.
Se cuece con perejil, media cebolla troceada y dos hojas de laurel. Me resulta muy curioso observar que, para saber el punto de la cebolla, Aurita la huele.Al agua de cocer se le añade pan, si es duro mejor. Este pan desmenuzado se mezcla con la corá.
Le añadimos un trozo de mantequilla, unos 200 grs.
Ponemos la sartén al fuego y sofreímos sebo de lechazo, cebolla, pimienta molida, nuez moscada, pimentón dulce y sal.
Dejamos hervir para que reduca un poco.
Todo ello lo pasamos por la batidora, aunque siempre se pasaba por el pasapuré.
Y nos armamos de cuchara.
La Chanfaina es un plato de toda la vida, su madre y su abuela ya la hacían en casa en días de romería y nos dice Aurita que ella la sigue haciendo para que no se pierdan las tradiciones. Al ser un plato de romería, es un plato especial, calorífico y que aguanta muy bien ese chupito de orujo.
