Hemos Comido… En el Desfiladero y hay días que te recuerdan por qué te gusta tanto este restaurante.

Porque sí, el producto manda. Pero cuando hay alguien que sabe lo que hace con él, la historia cambia. Y aquí cambia mucho.

La gamba roja… vamos a parar aquí un segundo. Porque hacía muchos, pero muchos años que no me encontraba algo así. Tamaño serio, de los que ya te avisan de que viene algo gordo. Pero lo importante no era eso, era lo que pasaba después.

El punto. Ese punto exacto que no admite discusión. Carne untuosa, con ese dulzor natural que te llena la boca y ese recuerdo yodado que te engancha. Y luego la cabeza… ese momento en el que te olvidas de todo y te centras en lo que tienes entre manos. Puro mar, sin rodeos.

De esas veces que piensas: “esto no se encuentra todos los días”.

Seguimos y aparece el rape. Y aquí hay algo que me gusta especialmente: cada cosa juega su partido. Nada de mezclar por mezclar. Las gambas por un lado, el rape por otro.

El rape… de los que te hacen levantar la vista del plato. Textura perfecta, jugoso, con ese punto firme que tiene que tener. Sin historias, sin taparlo con nada. Producto y Punto. Y ya.

Pero ojo, porque esto no sale solo. Aquí hay mano. La de Álex, que sabe exactamente dónde parar cada cocción. Ese punto en el que todo cambia. Y ahí es donde marca la diferencia.

A estas alturas ya llevas un viaje importante… pero todavía quedaba gasolina.

El lechazo. Primero trabajado a baja temperatura, con paciencia, haciendo que todo se relaje. Y luego terminado como un guiso de los de siempre. De los que huelen antes de llegar.

Patata panadera, patatas fritas y ese toque ácido del tomate que lo levanta todo y evita que el plato se venga arriba de grasa. Equilibrio bien medido y plato de los que no se olvidan.

En la copa, un Gramona III Lustros. Aquí ya juegas sobre seguro. Profundo, largo, con esa burbuja fina que acompaña sin molestar. De los que te aguantan toda la comida sin despeinarse.

Y para cerrar, tarta de hojaldre y canónigos. Sencillo, efectivo, lo que toca en ese momento.

Pero si tengo que quedarme con algo, es lo claro que lo tienen aquí.

Esto va de producto, sí. Pero va también de saber tocarlo. De no pasarse, de no quedarse corto. De entender cada pieza.

Y ahí es donde este sitio aprieta de verdad.

Porque pescado y marisco bueno hay en muchos sitios. Pero darles ese punto… ya no tantos.

Y cuando lo encuentras, se nota. Y mucho.

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