Pocas tradiciones navideñas despiertan tanta expectación como el roscón de Reyes. Ese brioche coronado de frutas confitadas, que hoy asociamos a desayunos familiares y a la emoción infantil de encontrar la sorpresa, tiene una historia mucho más larga —y sorprendente— de lo que parece. Para rastrear sus orígenes hay que viajar muy atrás, hasta la Roma pagana, cuando el invierno se celebraba con tortas, libertades efímeras y un haba que ya entonces tenía mucho que decir.

Saturnales: cuando Roma inventó la fiesta… y el roscón

Durante las Saturnales, las fiestas dedicadas al dios Saturno, Roma se permitía un paréntesis de alegría colectiva. Se relajaban las normas sociales, los esclavos recibían regalos y, entre ellos, unas tortas redondas elaboradas con higos, dátiles y miel. Eran dulces sencillos, pero cargados de simbolismo: un reconocimiento al trabajo bien hecho y un augurio de prosperidad para el año que comenzaba.

Aquellas tortas, más cercanas a un pan dulce que a nuestro roscón actual, ya anticipaban la idea de compartir un dulce festivo en comunidad. Y, sobre todo, introducían un elemento que sobreviviría a imperios, modas y fronteras: el haba.

El haba: una legumbre con corona

El haba escondida en el interior del dulce no era un simple juego. En la Roma antigua, quien la encontraba era proclamado rex saturnalicius, un “rey de reyes” simbólico que quedaba exento de trabajar durante las fiestas. Una especie de monarca efímero que reinaba entre bromas y licencias, recordando que incluso el orden social podía ponerse patas arriba por un día.

Con el tiempo, el haba pasó de ser un guiño festivo a convertirse en un amuleto de buena suerte. Su presencia en el roscón —o en sus antepasados— se mantuvo viva incluso cuando la tradición se desdibujó en buena parte de Europa.

Francia toma el relevo: del haba a la moneda de plata

Mientras en muchos países la costumbre se perdía, Francia la conservó bajo el nombre de Le Roi de la Fève (el rey del haba). Allí, en el siglo XVIII, el joven Luis XV dio un giro aristocrático a la tradición: mandó esconder una moneda de plata en el pastel para sorprender a la corte. El gesto gustó tanto que se convirtió en moda.

En Francia coexistían dos versiones del dulce:

  • La galette des rois, un hojaldre con crema de almendras típico del norte.
  • La couronne o gâteau des rois, un brioche en forma de corona, preferido en el sur y documentado en Versalles desde 1684.

Fue esta última —la más cercana a nuestro roscón— la que cruzó los Pirineos.

Felipe V y la llegada del roscón a España

El primer Borbón español, Felipe V, nieto de Luis XIV, trajo consigo el gusto por las costumbres francesas. Según relata el gastrónomo Dionisio Pérez en La cocina clásica española (1936), el monarca celebraba la Epifanía en Madrid al estilo francés, probablemente con aquel brioche coronado y su haba escondida. Sin embargo, la tradición quedó confinada al ámbito cortesano y no se popularizó de inmediato.

A comienzos del siglo XIX, el pastel de Reyes era prácticamente desconocido en España. Su expansión llegó más tarde, impulsada por la fascinación que la burguesía sentía por todo lo francés tras la Revolución. La primera mención en prensa aparece en 1848, en El Español, describiendo un “gran bizcocho que llaman torta de reyes” que podía comprarse en la pastelería de la Fonda de San Luis, en la calle Montera, regentada por el francés Soulant, rival directo de Lhardy.

De capricho aristocrático a tradición popular

Durante décadas, las tortas de Reyes fueron un lujo reservado a aristócratas y burgueses deseosos de imitar el refinamiento parisino. Se servían en bailes y tertulias de víspera de Reyes, y entre sus adeptos figuraban familias como los duques de Alba, muy vinculados a la corte francesa gracias a Eugenia de Montijo.

El haba, humilde en origen, fue sustituida en ocasiones por premios más ostentosos: monedas, joyas o figuritas de porcelana. El gâteau des rois se elaboraba en cocinas privadas o se adquiría en confiterías selectas, siempre siguiendo recetas francesas.

No fue hasta 1885 cuando empezó a llamarse “roscón”, gracias a pastelerías madrileñas como Prast, Viena Capellanes o La Mallorquina. En 1895, Ángel Muro publicó la primera receta española, aún sin agujero central.

El roscón moderno: azahar, frutas y un aroma inconfundible

La versión que hoy conocemos —con agua de azahar, ralladura de limón y frutas confitadas— apareció en 1901 en El arte culinario de Adolfo Solichón, pastelero real y exempleado de Lhardy. Desde entonces, el roscón se convirtió en un clásico imprescindible de la Navidad española, un dulce que combina historia, simbolismo y un punto de azar que cada año vuelve a reunir a familias enteras alrededor de la mesa.

Porque, al final, ¿quién no ha sentido ese pequeño temblor al cortar su porción, esperando no pagar el roscón… o ser coronado rey por un día?

El Rosco de Reyes en Cantabria: tradición, hojaldre y una devoción por el relleno

Si hay un dulce que cada enero acapara escaparates, conversaciones y sobremesas en Cantabria, ese es el Rosco de Reyes. Un bollo que, como ocurre con todas las elaboraciones con historia y tirón mediático, ha generado versiones para todos los gustos. Y en nuestra tierra, donde el paladar es exigente y la memoria repostera pesa, la diversidad empieza por la base misma del rosco.

Dos Cantabrias, dos bases: bollo o hojaldre

La receta tradicional parte de una masa de bollo enriquecida, suave y aromática, muy cercana al brioche. Sin embargo, en Cantabria conviven dos escuelas bien definidas.
Por un lado, la clásica masa de bollo, extendida por toda la región. Por otro, una variante muy nuestra: el rosco de hojaldre, especialmente arraigado en la zona de Torrelavega y su comarca. Allí, el crujido del hojaldre se ha convertido casi en una seña de identidad, hasta el punto de que muchos no conciben el Día de Reyes sin él.

Ambas versiones conviven sin conflicto, como dos ramas de un mismo árbol repostero que han crecido según los gustos locales.

El relleno: de la nata fetiche a un catálogo infinito

Si algo define al rosco cántabro contemporáneo es su inclinación natural hacia el relleno. El rosco “seco”, ese que en otras regiones aún se encuentra sin mayor dificultad, aquí es casi una rareza. La demanda manda, y en Cantabria manda el relleno.

La nata fue el primer gran fetiche. No es casual: la tradición láctea de la región convierte a la nata montada en un ingrediente casi emocional. Pero pronto llegaron otros rellenos que ampliaron el repertorio:

  • Crema inglesa, suave y aromática.
  • Trufa, para los amantes del cacao.
  • Crema pastelera, un clásico que nunca falla.
  • Nata y trufa combinadas, para quienes no quieren elegir.
  • Crema de mantequilla, menos habitual pero presente en algunas casas.
  • Rellenos modernos, desde pralinés hasta cremas de sabores, según la creatividad de cada obrador.

Hoy en dia encontrar un rosco sin relleno es casi tan difícil como encontrar uno sin cola en la pastelería el día 5 por la tarde.

Según me cuentan más de un artesano —de esos que aún huelen a obrador y no a cámara de congelación—, la fiebre por los toppings, los rellenos imposibles y toda esa familia de añadidos viene, básicamente, a tapar un problema que nadie quiere decir en voz alta: la bajísima calidad de muchas elaboraciones industriales. Entre precongelados, masas tristes y productos que han visto más kilómetros que un camionero, la industria ha encontrado en el “rellenito” una forma de maquillar sabores y texturas que, por sí solos, no levantarían ni el ánimo de un lunes.

El asunto es que, a fuerza de verlos por todas partes, el público se ha acostumbrado a estos inventos. Y no solo eso: ahora los pide, los busca, los exige. La demanda es enorme, y claro, donde hay demanda, hay oferta… aunque la oferta venga con más artificio que producto

Un dulce que define un territorio

El Rosco de Reyes en Cantabria no es solo un postre: es un pequeño mapa gastronómico. La masa de bollo habla de tradición; el hojaldre, de identidad comarcal; los rellenos, de un gusto local que no renuncia al exceso cuando se trata de celebrar. Y cada obrador aporta su matiz, su receta y su manera de entender un dulce que, año tras año, sigue marcando el final de la Navidad.

Si quieres, puedo ayudarte a cerrar este artículo con una conclusión más narrativa o preparar una versión más breve para redes sociales.

Aquí queda una lista de obradores que conozco de primera mano:

Blanco-Hojaldres de Torrelavega

Dirección: Calle Consolación, 11, 39300 Torrelavega, Cantabria
Teléfono: 942 88 10 12

El Deseo (Sin Gluten)

Dirección: Calle Sta. Lucía, 22, 39003 Santander, Cantabria
Teléfono: 694 28 38 89

El Lambión

Dirección: Bo. la Calva, 91, 39600 Revilla de Camargo, Cantabria
Teléfono: 671 06 86 66

Gómez
Dirección: C. Honduras, 2, 39005 Santander, Cantabria
Teléfono: 942 27 04 06

La Antigua Boutique De Pan
Dirección: C. Daoiz y Velarde, 13, 39003 Santander, Cantabria
Teléfono: 942 40 44 60

La Crujiente
Dirección: P.º de Altamira, 59, 39006 Santander, Cantabria
Teléfono: 942 74 40 91

La Tahona Cántabra
Dirección: C. Castilleria, 9, 34813 Pomar de Valdivia, Palencia
Teléfono: 628 04 70 51

La Venta de Castañeda
Dirección: Barrio la Cavadecha, N140, 39660 Pomaluengo, Cantabria
Teléfono: 942 59 21 40

Las Hijas de Pedro
Dirección: C. Santander, 7, Bajo izq, 39500 Cabezón de la Sal, Cantabria
Teléfono: 942 70 09 14

Las Quintas (Sin Gluten y con Gluten)
Dirección: C. de Juan Infante, 20, 39330 Santillana del Mar, Cantabria
Teléfono: 942 84 04 93

Maria Luisa
Dirección: Av. Calvo Sotelo, 3, 39710 Solares, Cantabria
Teléfono: 942 52 29 21

Milhojas
Dirección: C. San Martín, 20, 39500 Cabezón de la Sal, Cantabria
Teléfono: 942 70 08 29

Osle
Dirección: Lugar, Bo. el Puente, 78, 39792 Gajano, Cantabria
Teléfono: 942 50 31 69

Panistas
Dirección: C. Hernán Cortés, 42, 39002 Santander, Cantabria
Teléfono: 641 12 32 03

Regma
Dirección: P.º de Pereda, 5, 39004 Santander, Cantabria
Teléfono: 942 22 46 27

Santos
Dirección: Calle Consolación, 28, 39300 Torrelavega, Cantabria.
Teléfono: +34 942 88 15 11.

Sincio
Dirección: C. Tetuán, 33, 39004 Santander, Cantabria
Teléfono: 641 76 98 89

Sucre
Dirección: Calle Sta. Lucía, 26, 39003 Santander, Cantabria
Teléfono: 942 14 87 84

G. Torre
Dirección: Calle Sta. Lucía, 24, 39003 Santander, Cantabria
Teléfono: 942 21 62 03

Vega Torrelavega
Dirección: C. Julián Ceballos, 20, 39300 Torrelavega, Cantabria
Teléfono: 942 88 10 40

Por El Mule

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