Hemos Comido… en La Santanderina viernes de cocido montañés y cocina tradicional bien ejecutada
La Santanderina ha decidido dedicar los viernes a uno de los platos más representativos de Cantabria: el cocido montañés. Una propuesta que atrae a quienes buscan un guiso contundente, elaborado con productos locales y con el punto de cocción que exige una receta de larga tradición. Nos reunimos seis comensales para comprobar cómo resuelven esta especialidad y, ya de paso, repasar algunos de los platos más reconocidos de la casa.




Croquetas de jamón: técnica y equilibrio


Comenzamos con unas croquetas de jamón que mostraban un dominio claro de la fritura. El rebozado de panko aportaba un crujido ligero y bien escurrido, sin exceso de aceite. La bechamel, de textura fluida, permitía que el sabor del jamón se integrara sin resultar pesado. Este tipo de croqueta, cuando está bien hecha, funciona como carta de presentación de una cocina que cuida los detalles.
Callos: guiso lento y sabor profundo


Continuamos con los callos, uno de los platos que más fama ha dado al establecimiento. Se presentaban con una textura melosa, fruto de una cocción prolongada que permite que las gelatinas se integren en la salsa. El toque picante, muy moderado, aportaba viveza sin tapar el conjunto. Es un guiso que pide pan y que agradece un vino con estructura; en nuestro caso, acompañamos con Gramona Imperial y David Moreno Crianza, dos opciones que armonizan bien con la intensidad del plato.
Cocido montañés: producto local y cocción precisa



El cocido montañés llegó en ración generosa, como manda la tradición. La berza estaba tierna pero firme, sin perder su textura característica. La alubia blanca, base del guiso, mostraba una cocción uniforme y cremosa, lo que en Cantabria se describe como “mantequilla”, señal de que se ha cocido lentamente y sin romperse.
El compango incluía chorizo, morcilla, costilla, tocino y morcilla de año. Esta última suele dominar el conjunto por su intensidad, pero aquí estaba integrada con discreción, aportando sabor sin imponerse. El resultado final era un cocido equilibrado, bien ligado y con el punto de grasa justo para resultar sabroso sin ser pesado.
Este tipo de elaboración, tan vinculada a la cocina tradicional cántabra, requiere tiempo, producto y atención constante. Cuando se hace bien, como en este caso, se convierte en un plato que resume la identidad culinaria de la región.
Postre: torrija con helado

Para terminar, una torrija con helado que cerraba la comida con un toque dulce y agradable. Buena textura, bien empapada y con un helado que aportaba contraste de temperatura.

Ubicado en: C. Rubio, 10, 39001 Santander, Cantabria
942 04 91 72
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